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VIRGILIO.


XLVIII.

»En su palacio y lóbrega caverna
Caco al punto aparece á descubierto,
Cual si en su fondo la region inferna
Mostrase el suelo de repente abierto,
Y las sombras de aquella Noche eterna
Que aborrecen los Númenes, incierto
De luz un rayo penetrara, y ése
A los Manes de asombro estremeciese.

XLIX.

«Sorprendido en su cóncavo agujero,
Viendo la claridad que se derrama
Intempestiva á denunciarle, fiero
En modo inusitado Caco brama:
Tírale dardos Hércules ligero
Del borde, y armas en su auxilio llama
De toda especie, porque al monstruo oprima:
Ramos, disformes piedras le echa encima.

L.

»Ya perdida de fuga la esperanza,
Caco (¡nuevo prodigio!) en su defensa
Columnas de humo de las fauces lanza,
Y el ámbito entoldando en nube inmensa,
Roba á los ojos cuanto á ver se alcanza,
Y une fuego siniestro y sombra densa
En caótico horror. Mas sus ardides
No acobardaron el valor de Alcídes.