Página:Ensayo sobre el hombre (1821).djvu/14

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zas, y toma vuelo con tiento. ¡Aguarda á la muerte, que es el gran maestro, y entre tanto adora á Dios! No te dio á conocer cuál será tu felicidad futura; pero te ha dado la esperanza para que sea tu felicidad presente. Florece en el pecho humano una esperanza eterna; jamas es feliz el hombre, pero siempre debe serlo. El alma inquieta, y confinada en su encierro, descansa y se distrae con la idea de una vida venidera.

He ahi ese pobre indio, cuyo rústico entendimiento ve á su Dios en las nubes, ó cree oírle en el viento No aprendió su alma de una ciencia orgullosa á levantarse tan alta como la órbita del sol ó la via lacrea. Pero la simple naturaleza le dió su esperanza; y se figura él allá un cielo detras de cierta montaña cuya cima toca en las nubes, ó algún mundo mas seguro allá en medio de los bosques, ó alguna isla mas dichosa en un anchuroso golfo, donde hallen otra vez los esclavos su pais natal, y no espíritus malignos que les atormenten, ni fanáticos sedientos de oro. El existir satisface sus deseos satúrales. No pide las alas de los ángeles ni el fuego de los serafines; pero juzga que admitido su perro fiel en un cielo igual para todos, le servirá de compañía. ¡An-