Página:Ensayo sobre el hombre (1821).djvu/23

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en todos el mismo, tan grande en la tierra como en el cielo, calienta en el sol, refresca en el viento, brilla en las estrellas, y florece en los árboles. Vive en cada viviente, se extiende hácia todos lados, se reparte sin dividirse, lo hace todo sin consumirse, respira en nuestra alma, anima nuestra parte mortal, tan poderoso y tan perfecto en la formacion de un cabello como en la del corazon, y en el hombre vil que se queja como en el arrobado serafín que se abrasa de puro amor. Nada hay alto, nada bajo, nada grande, y nada pequeño para él. Todo lo llena, todo lo circunda, todo lo une, y todo lo iguala.

Cesa pues, y no llames al orden imperfección. Nuestra propia felicidad depende de aquello mismo que vituperamos. Conoce el pequeño punto de tu ser; pues ese provechoso, ese debido grado de ceguedad y flaqueza, es un presente que te ha hecho el cielo. Sométete, y está seguro de que sea en esta ó en cualquier otra esfera serás tan feliz como puedas ser; y sea al nacer, ó en tu hora final, ponte en manos del que dispone de todo. La naturaleza toda es un arte desconocido para tí; todo acaso es una dirección, que no eres capaz de ver; toda discordia, una armonía, que no llegarás á entender; todo mal