Página:Ensayo sobre el hombre (1821).djvu/28

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sentido de la razon: ¡talentos superficiales, exactamente parecidos á aquellos locos que se matan por una palabra sin saber muchas veces lo que piensan ó pensando del mismo modo! El amor propio y la razon aspiran á un fin, evitar el dolor, y desear el placer; pero aquel vehemente parece devorar su objeto, y esta solo liba la miel, y no estropea la flor. El placer, bien ó mal entendido, es nuestro mayor mal ó nuestro mayor bien.

Llamaremos las pasiones unas modificaciones del amor propio. El bien cierto ó el aparente las mueven todas; pero como no es todo bien susceptible de división, y la razon nos ordena proveer á nuestra conservacion, las pasiones aunque interesadas, si sus medios son buenos, se alistan bajo el estandarte de la razón, y se hacen dignas de su cuidado; aquellas que son comunicativas ó generosas, y tienen un noble objeto, elevan su especie, y toman el nombre de alguna virtud.

Que se jacten los estoicos en su ociosa apatía de su virtud intrastornable. Su firmeza es como la del hielo, que todo lo encoge, y retira el calor al pecho. Pero la fuerza del espíritu es el ejercicio, no el reposo. Una borrasca levantada en el alma la pone en el debido movimiento; puede