Página:Ensayo sobre el hombre (1821).djvu/31

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La razon misma aumenta su fuerza y actividad, asi como los rayos benignos del sol hacen mas agrio el vinagre. Nosotros, vasallos desdichados de un gobierno legitimo, en vez de obedecer a esta reina débil, obedecemos sumisamente á alguna de sus favoriías. ¡Ah! si no nos da armas como nos da reglamentos, ¿que mas podrá decirnos sino que somos locos? Acusadora astuta, y amiga destituida de auxilios, nos enseña á lamentarnos de nuestra naturaleza, pero no á corregirla; y convertida de juez en abogado, nos persuade á hacer las elecciones que hacemos, ó las justifica después de hechas. Envanecida con conquistas fáciles refrena las pasiones débiles, y luego triunfan las fuertes, sucediéndola lo que al doctor, que parece haber curado y expelido los humores, y luego asoman produciendo la gota.

Sí: el camino de la naturaleza debe ser siempre preferido. La razon no es en él nuestra guia; pero siempre va haciendo de escolta: sirve para rectificar, pero no para quitar y poner; y asi trata á la pasion dominante mas bien como amiga que como enemiga. Un poder superior á la razon, el supremo Ser, da esta fuerte dirección, é impele á los diferentes hombres hacia diferentes fines. Llevados asi, como