Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/120

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el dinero, que no pudieran proveer á la espedicion; que por ningun motivo debia cerrarse el camino tan felizmente abierto por don Enrique; que seria una gloria eterna para los portugueses el haber despejado los misterios del Océano, tan temidos por otras naciones;[1] que asi se evitarla la ociosidad que enjendra por lo regular una paz muy prolongada, y es la lima sorda que va gastando insensiblemente la fuerza y valor de los subditos; y que fuera en mengua del nombre portugues amenazar con peligros soñados á los hombres, que en riesgos graves y positivos mostraban tanta intrepidez y valor, pues á las almas grandes tocaba dar cima á las grandes empresas. Llegando luego al punto que se proponia Colon, añadió que, siendo el de la propagacion de la fé católica, le causaba estrañeza que un prelado tan devoto como el obispo de Ceuta osara oponerse á él,[2] pues era casi negar á Dios, ó al menos dejarle de servir de un modo eficaz, el descuidar aquella ocasion de hacer llegar de polo á polo la voz del santo Evanjelio; "y que se atrevia, aunque soldado, como voz y espíritu del cielo pronosticar felices sucesos, y la mayor honra y crédito con la posteridad, que jamás alcanzaron los Césares y monarcas mas valerosos y bien afortunados.[3]"

Unánimes aclamaciones acojieron este discurso; pero el parecer del obispo era desfavorable á Colon en cuanto á los medios de ejecucion, y por su reconocida especialidad en materia de ciencias náuticas consiguió que el consejo, sin profundizar mas, lo perdiera de vista ante una cuestion mas palpitante para la monarquia; la prosecucion de las espediciones acometidas por don Enrique, suspendidas bajo el reinado precedente, y por cuya continuacion opinó el consejo contra la voluntad de Cazadilla, pero sin mentar lo de Colon.

  1. Vasconcelos. Vida y acciones del rey D. Juan el II de Portugal, lib. IV.
  2. Vasconcelos, ibid.
  3. Vasconcelos, ibid.