Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/183

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Entónces Colon ciñó su espada y fue á la guerra, donde en los rangos subalternos se consagro silenciosamente á servir con tanto valor[1] como humildad la causa del redentor; y aun parece que dió escelentes consejos sobre las operaciones; consejos que por ser pobre, estranjero y marino no escucharon los que rodeaban al rey. Esperimentáronse al principio de la campaña algunos descalabros; y esto, unido á las grandes lluvias y á las enfermedades que sufria el ejército, aumentadas con la escasez de los abastos, desanimaron á los principales capitanes, hasta el punto de solicitar de S. A. que levantara el asedio por temor de un desastre. Antes de decidirse don Fernando quiso consultar con su esposa, á la sazón en Jaén. Isabel se opuso, y prometió proveer las tropas de cuanto necesitaran, empeñando con este objeto sus joyas y vajillas de oro y plata á las ciudades de Barcelona y Valencia, y haciéndose abastecedora jeneral; pues ninguno quiso encargarse de ello, tanto por el mal estado de los caminos, como por temor á las emboscadas de los enemigos. Rejimenta seis mil peones, para reparar las vias de comunicación, construir puentes, y llevar la artillería pesada: alquila catorce mil mulas,[2] y organizando bajo la proteccion de escoltas un servicio regular de transportes, lleva al campamento la abundancia y la esperanza; al par que, para estimular el fervor de los soldados, envia dos franciscanos acabados de llegar de Palestina con su mensaje amenazador del soldan de Ejipto.

Pero los discursos de estos sacerdotes no conseguian reanimar el fuego; pues se vacilaba en atacar: las órdenes eran incoherentes y faltaba la unidad y el impulso. Sábelo Isabel y vuela al campo, se pone, sin decirlo, á

  1. Diego Ortiz de Zúñiga. Anales eclesiásticos y seculares de Sevilla, lib. XII, p. 404.
  2. "Catorce mil acémilas." Lafuente. Historia jeneral de España, tom. IX, cap. IV, páj, 355.
    N. del T.