Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/184

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la cabeza del ejército; y con la presencia de tan gran jeneral, cambia el aspecto de las cosas; se opera una repentina transformacion en las costumbres de los sitiadores; cesan las querellas personales, el desfallecimiento y los conflictos en las disposiciones; multiplícanse los parapetos, se avanzan las paralelas, velan los que guarnecen las trincheras, y prosigue el cerco con regularidad. Noche y dia resuenan los cañones, que baten constantemente los muros de la plaza, sin dar tiempo á reparar sus destrozos, hasta que los moros, al fin desalentados, con una actividad no conocida en tales empresas, comprendiendo lo inútil de mas larga resistencia, piden capitulacion.

Tamaña victoria, debida solo á la táctica de la reyna, fué admirada de todos los guerreros, tanto que el valeroso Hernando del Pulgar, que se halló presente, al mencionar la influencia que ejerció Isabel, influencia maravillosa, que casi se asemeja á una exajeracion poética, pone á Dios por testigo de la verdad de lo que dice.[1]

La rendicion de Baza difundió el espanto por la morisma, y colmó de alegria á la España cristiana. Sevilla dispuso una magnífica entrada triunfal á SS. AA. y se prolongaron las fiestas y los regocijos. No bien terminados estos desahogos, absorbieron la atencion de los reyes las negociaciones del casamiento de su hija la infanta doña Isabel, con el heredero presunto de la corona portuguesa, que se verificó en Abril de 1491. La serie de diversiones pareció entónces interminable, y como los banquetes, las justas, los bailes de trajes, las serenatas é iluminaciones aturdian y deslumbraban, sin dar lugar á las graves cuestiones científicas; de cuánta

  1. "Y por que fuimos presentes y lo vimos, testificamos verdad ante Dios que lo sabe, y delante de los hombres que lo vieron, que despues del dia que esta reyna entró en el real, pareció que, &c." Hernando del Pulgar. Chrónica de los reyes católicos, parte tercera, cap. CXXI.