Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/279

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IV.



 En esta parte de Cuba próxima á las montañas, y bajo la completa influencia del medio dia, parece haber reunido la creacion sus últimos esfuerzos, pues abunda en efectos de conjunto y perfecciones de detalle indescriptibles: cada movimiento del terreno diversifica las decoraciones de una vejetacion espléndida, hasta llenar de asombro la mente, y diríase que una fuerza subterránea hace subir á la superficie la potente fecundidad, con que el creador dotó al humus. La abundancia de la sávia circula bajo todas las formas, y se manifiesta de un modo tal, que la vista no puede entreveer la superficie del suelo, en fuerza de lo tupida que es la urdimbre que forman los vejetales, que lo tapizan y adornan. Por donde quiera árboles jigantescos se levantan como verdaderos obeliscos del centro de impenetrables matorrales, y dominan desde su altura la multitud de plantas, que nacen, crecen y viven á su sombra, siempre verdes y risueñas. Otros, menos atrevidos, se disputan con mas porfia el espacio, se acercan, pugnan entre sí, y se asfixian con sa número. Luego coquetas estipas, engalanadas de vistosos penachos, y de hojas en forma de abanico, acercando lánguidamente sus cabezas, semejan cariñosos besos y tiernas confidencias; y á sus pies plantas parásitas, hanas sinuosas multiplicando sus enlazaduras, y arrastrándose á distancia, velan la tierra con sus guirnaldas de flores, y ruedan por las pendientes en pellones de follaje. Las hanas sarmentosas, amigas inseparables de las orillas de los torrentes, se agrupan á los flancos de las rocas, y caen por su temeridad en los