Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/282

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diversas formas, las mas altas y graciosas que nunca he visto, y una infinidad de otros árboles elevados y verdes, el canto de los pájaros y la frescura del campo dan á este sitio, serenísimos principes, una tan maravillosa magnificencia, que escede en encanto y hermosura lo mismo de noche que de dia á las demás; lo cual me hace decir á menudo á los que me rodean, que cualesquiera que fuesen mis esfuerzos para estender una relación completa á sus altezas, ni mi lengua podría decir toda la verdaci, ni mi pluma escribirla. Y es tan cierto que me hallo confundido en presencia de tanta y tan superior belleza, que no sé como espresarla, porque si os he relatado con respecto á las otras rejiones, y acerca de sus árboles, de sus frutos, de sus yerbas y de todas sus cualidades tanto como pude; pero no como debí, de esta todos afirman que es imposible exista en el globo otra mas hermosa. Ahora callo deseando que la vean otros, que quieran describirla; pues conozco cuan poco puede ser considerado por mí su mérito, y que puede ser afortunado en boca ó pluma de otro.1 Como entre los mas grandes favores que Dios le otorgó, tuvo Colon la dicha de ir siempre disfrutando progresivamente de tantas cosas, cada vez mas admirables, y de conservarse en buena salud, decia: "Gracias al señor, ni uno solo de los hombres de mi tripulación ha esperimentado hasta ahora, ni el mas leve dolor de cabeza; ninguno ha guardado cama por enfermedad, á no ser un anciano marinero, que sufrió toda su vida de mal de orina, y se encontró curado al segundo dia de llegar aquí.2 Lo que digo del estado sanitario, prosigue, comprende la tripulación de los tres buques. "3

1. Fernando Colon. Vida del almirante, cap. XXIX.

2. Esto nos recuerda que el comendador Poincy curado de la gota, por haber permanecido en la Martinica, inspiró á Scarron el deseo de ensayar los climas coloniales. El duque de Noailles. Histoire de madame de Maintenon t. 1, cap. V, p. 162. 3. Porque, loado nuestro señor, hasta hoy de toda mi jente no ha