Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/338

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consideraciones, para la partición de los terrenos ines- plorados entre las dos coronas de Castilla y Portugal, era tan atrevido como lójico, tan osado como desconocido del resto de los hombres, y por este motivo, en razón á los obstáculos que siempre se oponen á lo nuevo, debia pro- vocar objecciones, dudas y resistencia. Pero el mensaje- ro de la providencia tenia fe en la infalible sabiduría de la Iglesia, depositaría de las verdades del verbo. Mas ade- lante veremos cuan bien justificó la sede apostólica su noble confianza.


II.


Los que hablan venido con el almirante podian ya descansar de sus trabajos, y gozar del reposo después de tantas fatigas y peligros; pero él, á quien la suerte, de cuatro veces, tres, señaló para la espiacion de todos, tenia que cumplir los votos á que le obhgaba una miste- riosa predilección. Primero tuvo que ir á Nuestra Señora de Guadalu- pe con un cirio de cinco libras de peso. En aquel retiro recibió grandes consuelos espirituales, conversó con va- rones santos, y trabó con ellos relaciones de amistad, que no se alteraron después. En prueba de su afecto ofreció á los relijiosGS imponer el nombre de su monasterio á una de las islas que descubriera, y en breve les cumpHó la palabra. En seguida fué á Moguer, al convento de Santa Cla- ra, al cual lo afiliaba naturalmente el cordón de san Francisco, que traia siempre bajo su vestido. Celebróse una misa solemne en acción de gracias, y luego, cuando