Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/340

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Juan Pérez, secretos que nadie ha conocido: lo que sufrió por los hombres, lo que recibió de Dios, sus conjeturas particulares, que nunca confió al papel, sus dudas cos- mográficas, sus cálculos indefinidos, bosquejos de su pen- samiento, los atrevidos corolarios de su intuición; todo quedó guardado en el grande y elevado corazón que latia bajo el burdo sayal de san Francisco. El desahogo de es- tas dos almas, llenas de tan ardiente entusiasmo por lo bello, y lo imperecedero; la libre comunicación de estos dos espíritus, reflejándose el uno sobre el otro, candidos en su fe, sublimes en su intuición, ¡cuan fecundo, cuan rico no debió ser en aspiraciones hacia el divino verbo, redentor nuestro, y de quien procede el amor y la cari- dad entre nosotros! No pudo el almirante pasar mas que siete dias en la Rábida, porque tenia que trasladarse á Sevilla, á esperar las órdenes de SS. AA., llegando á dicha ciudad poco antes que el despacho de la corte, que le fué dirijido con el siguiente significativo sobrescrito: A don Cristóbal Colorí^ nuestro almirante de la mar Océana, virey y gobernador de las islas descubiertas en las Indias. Contenia la letra misiva felicitaciones por su feliz vuelta, le ordenaba tomase en Sevilla sus medidas para una nueva espedicion en mayor escala, y lo invitaba á pasar á Barcelona lo mas pronto posible. Con el mismo mensajero envió Colon álos reyes un plan detallado de organización para el armamento de que hablaban; hizo luego en Sevilla cuanto le permi- tió la localidad, y por último, se puso en camino con los siete indios, que pudieron resistir los padecimientos del viaje, y con los desconocidos objetos que traia. Solo después de la salida de Colon para Sevilla se atrevió Martin Alonso á entrar en Palos. También él recibió de la corte una respuesta; pero terrible para su orgullo, y que completaba con su severidad el casti- go de su envidia. Este último golpe arrebató su última