Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/92

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ondas lamiendo sus risueñas orillas, y la pura lontananza del golfo liguriano, elevan su alma, y transportan su pensamiento á los siglos pasados, siente que á pesar de su magnificencia, no pueden bastar los límites de la ciudad de mármol á la imajinacion de sus hijos, comprende que las aguas son su vida, su savia y su fuerza, y que una inclinación jeneral debia predisponerlos á lanzarse á los peligros y á las aventuras, de que el mar es tan fecundo. Cristóbal Colon, á quien su amor á la naturaleza inclinaba á la contemplación de las cosas divinas, y al que un instinto secreto impelia al estudio de la jeografía, quiso mejor luchar con las olas, que con los monótonos y sedentarios trabajos del taller. Una consideración particular pudo haber contribuido también en su decisión, pues desde la pérdida de sus bienes en Lombardía, casi todos sus antepasados buscaron fortuna por igual camino, haciéndose célebres algunos de ellos en la marina de guerra.

Entonces era el arte de navegar de rudo y penoso aprendizaje; aparte de que los buques carecían de comodidad, pues el terreno se aprovechaba con gran economía, sobre todo en los mercantes, á causa de tener que ir armados por temor á los piratas, y siempre prevenidos á rechazar sus ataques, y hasta á tomar la revancha. A pesar de haber cursado en Pavía, debió el joven escolar, siguiendo la costumbre establecida, dar principio á la carrera en calidad de mozo de cámara, y así olvidado en los rangos subalternos, fué como la esperiencia, la práctica y la observación le dieron la teoría, lo familiarizaron con las maniobras, los huracanes y los combates, y le adquirieron la serenidad, el aplomo, la pronta resolución, la firmeza y el tino que son tan indispensables en un buen marino.

Sabemos que recorrió todo el Mediterráneo, á la sazón infestado de corsarios griegos, turcos y berberiscos, y que en un encarnizado combate, que la crónica no ha consignado, recibió una herida profunda, cuya cicatriz por