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del siglo en que vivió, amalgamaba estas creencias con las acciones de la materia; que daba al espíritu un poder májico y lo hacia operar eficazmente sabré las acciones mórbidas: tal es el juicio que puede formarse de su modo de recetar. Pero en medio de esta baraúnda de que cerebros comunes, como el mio, no pueden deducir un principio; reconozco en él una traslimitacion de las reglas de la ciencia, que solo es dado al hombre de jenio superior, y que debió ser así por la reputación práctica de que gozó hasta obtener el renombre de Hipócrates chileno. »

Estudioso, intelijente, caritativo, orador insinuante, y patriota, principalmente, en todas sus acciones nos ha dejado un recuerdo noble.

Hasta en sus últimos años trató de ser útil á sus semejantes. Así es como en 1803, le vemos obtener, por concurso, la cátedra de Prima de Filosofía, de la Universidad, y hasta el día de su muerte en 1811, se le vió cumpliendo los deberes de su doble misión, de sacerdote y médico, y ocupando aún, el sillón de representante del pueblo de Santiago, que, con gratitud y cariño, lo llevó al seno del primer Congreso Nacional.

Mas adelante, tendremos que ocuparnos del padre Chaparro, al tratar, especialmente, de la inoculación como medio inmunizante de la viruela, como del ruidoso capítulo que mantuvo durante ocho años con el doctor Rios, á fin de optar al puesto de protomédico y profesor de medicina; controversia original cpie apasionó á los partidarios de uno y otro candidato, con caracteres que merecen ser conocidos.


§ II.


Los cirujanos del real ejército, acantonado en Concepción, Dionisio Roquán, Esteban Justa y Juan Ribera, que vivieron largos años en el sur del país tomando parte activa en las campañas de Arauco, practicaron las primeras autopsias médico-legales, de que haya noticias, dentro del territorio chileno. [1] El siguiente documento data del año 1773:

«Don Esteban Justa, cirujano del Batallón de este Reino, y don Dionisio Roquan, de la tropa de este ejército, certificamos que habiendo reconocido el cadáver de Antonio Bueno, soldado de la compañía de don Antonio Bocardo, el que murió de

  1. Archivo del Ministerio del Interior.—Vol. 814.