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Se lanzó, también, un aviso á los pueblos, dando cuenta de la institución oficial de los estudios, y entre las varias cátedras enumeradas, para todas las necesidades y profesiones, se contaban dos de Medicina, una de Anatomía, otra de Botánica y una de Química.

El Instituto Nacional fué solemnemente inaugurado el 10 de Agosto de 1813.

A pesar de los esfuerzos de la superioridad, si bien concurrieron algunos alumnos á las aulas de leyes y teología, quedaron vacías, sin embargo, las de medicina.[1]

El interregno, después del desastre de Rancagua en 1814, no hizo sino retroceder lo poco que se había avanzado, al anular, los dominadores, las reformas sobre instrucción ejecutadas por la Junta de Gobierno, y retrotraer dichos actos á su primitivo estado.

Sellada la independencia nacional en los campos de Maipú el 5 de Abril de 1818, la Superioridad, desde los primeros dias, reanudó sus tareas en pro de la instrucción.

El 18 de Agosto de 1819, se reinstaló el Instituto Nacional bajo la dirección de don José Ignacio Cienfuegos.

Con todo, las tendencias que dominaban en el réjimen español no se modificaron; se habia cambiado de ropaje pero el alma quedaba apegada á la rutina y á resabios ignorantes.

La profesión médica siguió mirándose como á oficio vulgar, y á los facultativos como á pobres lázaros.

No obstante, el escaso elemento culto empeñó la batalla.

Hubo necesidad de hacer declaraciones por la prensa y por el gobierno de que dicha profesión era noble y digna del respeto público, hubo necesidad de hacer promesas positivas como el ofrecimiento de empleos bien remunerados para dar término á un estado que alarmaba justamente á la autoridad y al elemento culto.

A fin de facilitar los estudios, Camilo Henriquez publicó en «El Monitor Araucano», N.° 63, de 2 de Septiembre de 1813,

    Un microscopio de doble refracción.

    Tres termómetros clínicos.

    Un termómetro de baño.

    Un barómetro de Bunten.

    Un aparato para observar la electricidad de la atmósfera.

    Dos barras de magnetismo artificial.

    Un imán artificial en forma de herradura.—Firmados.—Andrés Antonio de la Gorbea, Francisco Garda Huidobro.

  1. En el primer año el Instituto alcanzó á tener 60 alumnos internos y 50 externos. Para la mejor dirección de los educandos se nombró á dos protectores, uno civil nombrado por el Gobierno, y otro eclesiástico, por el Obispo.