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menterios de 26 de Agosto de 1819, prohibiendo las exhumaciones fuera de los cementerios.[1]

El Senado Conservador, el 26 de Abril de 1823, á causa de las alarmas por la invasión de la erisipela negra, estudió la reorganización de la beneficencia confiada á la Junta de Sanidad, creada por O'Higgins, que daba pocas señales de vida, y pidió al Ejecutivo que se restableciese con más vigor. A la sesión del 26 de Mayo de aquel mismo año, fué llamado á la misma sala del Senado el Dr. Grajales, para que informase verbalmente sobre las reformas que reclamaba el servicio de sanidad pública.

El presidente de la Junta de Sanidad, don José Toribio Larrain, expuso al Gobierno, en un memorial de fecha 29 de Octubre de 1823, las «Causas de la exesiva mortalidad é insalubridad existente,» que á su juicio eran las siguientes:

«1.º La hambre pública, producto fatal de la ocupación útil de las mujeres, y arbitrariedad escandalosa en los precios de abasto público.

  1. La construcción de cementerios fué acordada por la Asamblea Nacional, en 1811, y nombró á su presidente don Joaquín Larrain Salas para que dirijiese la comisión que debía llevarlo á cabo; el Ejecutivo por su parte nombró á don Juan Agustín Alcalde, Conde de Quinta Alegre, para que presidiese la comisión de erogaciones populares, con que debía costearse el cementerio.

    La Junta de Gobierno, el 6 de Julio de 1813, decretó la creación de un Panteón en la capital, «para evitar el pernicioso é indecente abuso de sepultar los cadáveres en medio de las poblaciones». Encargó urjentemente su construcción á don Joaquín Larrain Salas, don Judas Tadeo Reyes y don Juan José Goicolea, encargándoles que debía ubicarse al Norte á fin de impedir que los aires del sur, reinantes, impregnasen de contagios. El 10 de Septiembre de 1821, se conminó con multa de 500 pesos á los curatos, iglesias y monasterios que no cumpliesen con dicha orden, pero, en 28 de Agosto de 1822, se derogó esta disposición permitiendo el entierro de cadáveres en conventos de monjas profesas y á los dos conventos de recoletos.

    El 31 de Julio de 1823, el presidente Freire, volvió á decretar la prohibición de exhumaciones en los templos, y ordenó que en todas las ciudades y villas del país se construyese un cementerio fuera de las poblaciones.

    El actual cementerio general de Santiago, al lado del cerro blanco, fué bendecido y entregado al servicio el 25 de Noviembre de 1821; la sepultación de cadáveres comenzó desde el 10 de Diciembre; el terreno fué cedido por los padres dominicos. El cementerio de disidentes fué autorizado, en Valparaiso y Santiago, por O'Higgins, el 14 de Diciembre de 1819.

    Los pobres se enterraban antes en el campo santo, en el extremo sur de la calle de Santa Rosa; la gente acomodada en las iglesias. Estuvo de moda para los entierros una capilla en la calle del Estado, antes del Rey, (hoy 21 de Mayo) al costado de Santo Domingo; ahí se exhumaba hasta en la huerta según Vicuña Mackenna.