Página:Historia general de la medicina en Chile, tomo I.pdf/60

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toca los términos de la compasión, es carnicera, cruel; se mutilan miembros, se curan heridas, se atajan gangrenas, se evacuan postemas y se sanan agudas enfermedades, sin que la farmacopea se conozca, sin que la física se estudie, sin que la pulsación se alcance, y sin que la botánica se alambique.»

Hablando de la naturaleza de los indios este mismo autos, hace notar que las complexiones ardientes de los indios pueden librarlos de la muerte al ser sometidos á procedimientos tan bárbaros, con toscos cuchillos ó piedras afiladas, sin más dieta que la continuación de las borracheras, y abusando del agua fría para todas sus enfermedades febriles, aún para la viruela como veremos en otro lugar.

La sangría—gicún—les era muy conocida.

Refiere Gonzales Nájera que se sangraban con una delgada punta de un pedernal colocado en el estremo de una pequeña varilla, de modo que la punta quedase á un lado; tomando entonces á la varilla y colocando la punta afilada del pedarnal sobre la vena que iban á sangrar, y dando un fuerte papirotazo con la mano libre, sobre la varilla, sangraban sin dificultad durante el tiempo que creían conveniente, desatando, para estancar la sangre, el brazo que habían préviamente comprimido, terminando la operación con la colocación de hierbas astringentes sobre la herida.

Algunos autores han creído que los araucanos sólo se sangraban antes de salir á campaña para hacerse livianos, y no con fines curativos.

Los investigadores coloniales no refieren ningún hecho determinado a este respecto, puest dicen sólo que los araucanos se sangraban, y otros, especificando más, agregan que lo hacían con el fin de hacerse lijeros.

Es algo más explícito el padre Valdivia que dice que era «práctica corriente entre los indios, principalmente entre los pehuenches, el sangrarse los brazos cuando tenían pena [1]

Historiadores de otros países afirman que algunas tribus americanas se sangraban con fines curativos.

Los araucanos sangraban á sus animales cuando eran viejos ó estaban enfermos, ó con el propósito de utilizar un poco de sangre para sus comidas.

Los señores Asahel P. Bell y Carlos V. Burmeister encontraron en su memorable expedición al oeste de la Patagonia (1887) en 43°48' Lat. S y 69°20' Lonj. O, como á diez leguas del rio Chubut, una aguada llamada Queupúngueú, en cuyor al-

  1. Arte de la lengua chilena, etc. por el padre Luis Valdivia, Ob. cit.