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cual pidió para el dicho Castillo la destitución de su puesto del hospital.

Entre muchas otras quejas, del procurador Hernández, tomamos las siguientes: Que el indio Alonso, á consecuencia de la misma zarzaparrilla, se está muriendo, porque estando muy enfermo del hígado, le han sobrevenido grandes fuegos por el cuerpo, y purgóle, de lo cual cegó del todo, etc.

Que á una india Leonor la dejó morir sin curarla de abajo, porque ella decía que se quería morir.

Que á otro indio enfermo de la barriga, les dijo: échenle una medicina y acabóse, porque yo no sé mas que le hagan.

Que á las indias malas de abajo, no las cura sino que las entrega á la negra para que les pongan un parche, á todas por parejo, sin saber lo que cada una ha menester.

Que no conoce de nada, pues ni las llegas sabe curar, porque es asquerosísimo y las curaciones las hace mal y aprisa, como todas sus visitas, sin dejar tiempo ni para hacerles preguntas sobre lo que han de comer los enfermos, porque sus muchas ocupaciones así se lo exijen, pues es médico, cirujano, boticario, fiscal, procurador, escribiente, corredor y jugador; que no sabe dar purgas ni jarabes conforme á la calidad de las enfermedades, que las medicinas las preparan los enfermos, pues él no las sabe hacer, como sucedió «con un barril de ingüento amarillo que se le quemó todo, que dicho día no había hombre que pudiese entrar al hospital y quedó negro como la pez, y todas cuantas llagas se han curado con ello, después que lo hizo todas están más dañadas de lo que estaban, y han ido empeorando, y porfía el dicho Castillo, que, es tan bueno aquello, que hace tan buena operación como todo lo del mundo, lo cual es tan al contrario, como por la obra paresce.»

Después de otras quejas, pide, para Castillo «las mayores y más graves penas en derecho estatuidas, como á hombre que, so color de curar los enfermos, los mata, no dándose nada por ello.»


§ IV.


Es digno de recordación el empeño gastado por el Iltmo. Obispo San Miguel, de la Imperial, para crear una Universidad en la sede de su diócesis, en el año 1567. El origen de este acuerdo vino de una resolución del Concilio de Indias, celebrado en Lima bajo la presidencia del Arzobispo fray Jeróni-