Página:La Eneida de Virgilio.djvu/25

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Y Aquiles á los dos siempre funesto.
== « ¡Que! no hay ningun país que el sol ilustra
« Que de nuestras desgracias no esté lleno!
« Aquí Priamo está.... ¡que! el infortunio
« Tambien hallára un compasivo pecho
« Y su premio reparte á la alabanza!
« Ten ya confianza y abandona el miedo
« Que salvadora fama nos protege.»
 Su alma se sacia en el sagaz bosquejo
Inundando su rostro amargo llanto.
Allí los muros vé de Ilion soberbios,
Y á Hector combatiendo á los Argivos,
Y Aquiles en su carro con su yelmo
Disparando sus dardos encendidos;
Allí la tienda está del triste Rheso
Que Diomedes con sangre la bañára
De la pérfida noche en el silencio,
Degollando implacable los bridones
Sin que en el Janto beban, conduciendo
A su Real la presa victorioso,
Destruyendo de Troya los abuelos.
Sin armas y vencidos viera á Tróilo,
¡O jóven infeliz que á Aquiles fiero
Se atrevió combatir, y él derribado
Con la frente barriendo el duro suelo
Y revuelta la lanza el polvo escribe
A par que el ráudo carro iba corriendo!
 En tanto al templo que preside Palas
Van las Troyanas con doliente duelo,
Un velo ofrecen y su pecho herian;
Palas las mira con mirar severo.
A Hector, Aquiles del Troyano muro