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CANTO VIGÉSIMO TERCERO

poco mayor que yo; Ulises pertenece á la generación precedente, á los hombres antiguos, es tenido por un anciano vigoroso, y contender con él en la carrera es muy difícil para cualquier aqueo que no sea Aquiles.»

793 Así dijo, ensalzando al Pelida, de pies ligeros. Aquiles respondióle con estas palabras:

795 «¡Antíloco! No en balde me habrás elogiado, pues añado á tu premio medio talento de oro.»

797 Dijo, se lo puso en la mano, y Antíloco lo recibió con alegría. Acto continuo, el Pelida sacó y colocó en el circo una larga pica, un escudo y un casco, que eran las armas que Patroclo quitara á Sarpedón. Y puesto en pie, dijo á los argivos:

802 «Invitemos á los dos varones que sean más esforzados, á que, vistiendo las armas y asiendo el tajante bronce, pongan á prueba su valor ante el concurso. Al primero que logre tocar el cuerpo hermoso de su adversario, le rasguñe el vientre á través de la armadura y le haga brotar la negra sangre, daréle esta magnífica espada tracia, tachonada con clavos de plata, que quité á Asteropeo. Ambos campeones se llevarán las restantes armas y serán obsequiados con un espléndido banquete.»

811 Así habló. Levantóse en seguida el gran Ayax Telamonio y luego el fuerte Diomedes Tidida. Tan pronto como se hubieron armado, separadamente de la muchedumbre, fueron á encontrarse en medio del circo, deseosos de combatir y mirándose con torva faz; y todos los aqueos se quedaron atónitos. Cuando se hallaron frente á frente, tres veces se acometieron y tres veces procuraron herirse de cerca. Ayax dió un bote en el escudo liso del adversario, pero no pudo llegar á su cuerpo porque la coraza lo impidió. El Tidida intentaba alcanzar con el hierro de la luciente lanza el cuello de aquél, por cima del gran escudo. Y los aqueos, temiendo por Ayax, mandaron que cesara la lucha y ambos contendientes se llevaran igual premio; pero el héroe dió al Tidida la gran espada, ofreciéndosela con la vaina y el bien cortado ceñidor.

826 Luego el Pelida sacó la bola de hierro sin bruñir que en otro tiempo lanzaba el forzudo Eetión: el divino Aquiles, el de los pies ligeros, mató á este príncipe y se llevó en las naves la bola con otras riquezas. Y puesto en pie, dijo á los argivos:

831 «¡Levantaos los que hayáis de entrar en esta lucha! La presente bola proporcionará al que venciere cuanto hierro necesite durante cinco años, aunque sean muy extensos sus fértiles campos; y sus