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LA CAMPAÑA FEMINISTA EN LA ARGENTINA

cio, se hubieran sentirlo humillados ante aquellas que pretendian empequeñecer.

 Ha llegado la hora de la reacción, y la mujer viene aquí como en todas partes, a despertar con sus tranquilas protestas la dormida hidalguía del compañero, reclamándole la parte que le corresponde en el patrimonio que él ha usufructuado como dueño absoluto.

 Nos hemos organizado; y si no forman parte de nuestro centro todas las que debían figurar en primera línea, es porque entre nosotras, como entre los hombres, hay las luchadoras abnegadas que todo lo sacrifican y las exitistas, aquellas pusilánimes que no se atreveu a correr los riesgos de un fracaso, los peligros de una campaña.

 Es un consuelo pensar que en todas las grandes evoluciones pasa lo mismo: unos pocos obreros trabajan en demoler los obstáculos que los otros amontonan, pero al fin el beneficio es para toda la humanidad.

 Además, para una asociación que se constituye recién, ni somos tan pocas ni estamos tan solas. Un respetable núcleo de hombres inteligentes y decididos marcha a nuestro lado, confundidos en una aspiración común.

 Desde el 4 de Enero hasta la fecha este Centro ha realizado la siguiente tarea:

 Ante todo redacción de los Estatutos, los que se ha creído imprescindible preceder de un preámbulo que explique, concisa y claramente, la razón de la campana, a los miles de seres que aun preguntan para y por qué pedimos derechos y libertades, pues según ellos la mujer ni necesita ni debe tener más de lo que tiene, — tan verdad es que la costumbre se hace ley, y el hábito de dependencia engendra en algunos la esclavitud casi voluntaria.

 En él se han condensado parte de nuestros anhelos y por sí solo es un programa de intereso trabajo.

 Dice así:

 Lo que queremos y por qué lo queremos:

 lº Queremos que se haga desaparecer de los Códigos y 1eyes todo artículo que establezca una diferencia de legislación entre ambos sexos y en contra de la mujer, para que ésta deje de ser la incapaz que es hoy ante la ley, y recobre todos los derechos que corresponden a seres conscientes y responsables.

 Porque para la mujer, ya sea en su estado de soltera, viuda o casada, con o sin hijos, obrera, empleada o viviendo de sus propias rentas, hay en los códigos y leyes del país, excepciones y trabas que ligan su libertad, rebajan su condición de ser pensante y volitivo y la sujetan a una dependencia absoluta del hombre, dependencia que es necesario cese, no sólo por lo humillante, sino por los verdaderos abusos y