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APUNTES ETNOLOGICOS

pedir que incendiasen la choza en que había muerto, lo que en efecto habían tentado hacer, sólo sí, se les permitió quemasen los trastos que le habían pertenecido.

La cruel y execranda operación del Kootchen, es ordinariamente el Joon, que la ordena, y por lo regular, el que la cumple.


SEPULTURA


Apenas espirado (Jojen) uno, lo envuelven (Eiccher) en su capa (toul-sor) si es de guanaco, o (wuash-sor) si es de zorro, (la que es distintivo del capitán, como la de Tronniah), atándolo de pies a cabeza con lazos, luego dos hombres lo llevan al pie de un cerro y cavando una fosa como de un metro de profundidad lo entierran boca abajo.

La privación de la sepultura es tenida con gran desprecio, lo que vimos hecho con una pobre anciana, creída una bruja, y habiéndola encontrado nosotros, la sepultamos (Wuiwakentohotl) su cadáver.

Pocos días antes en la toldería, de la que habíamos traído el viejo Tron-nïah, un padre había prestado el abominable y nada piadoso oficio de ahogar un hijito suyo de tres a cuatro años de edad, por que, afectado de una tos maligna que de algunos días lo atormentaba horriblemente, amenazando estrángularlo por momento. Lo habíamos visto pocos minutos antes ese niñito, lleno de vida y muy lindo, nos habíamos propuesto bautizarlo pronto y hasta le habíamos dado el nombre, llamándole Marcelino, abrigando la esperanza que el padre nos lo habría entregado para educarlo. Al momento de dejarlo, diciéndole que ibamos a casa, distante unos docientos metros, para buscarle un remedio, y, que nos esperara, pues no tardaríamos en volver, él (el padre) se había demostrado contento. Mas: ¡Oh, desdicha! En la breve ausencia, habiéndole dado uno de esos trances, que lo había dejado horrendamente amoratado y poco menos que concluido, el desoladísimo padre, no pudiendo ya sufrir de verlo padecer tanto, ya creyendo aliviarlo y quitarle esa horrible pena, le ponde dos dedos en la garganta y tanto lo apretó, que lo ahogó, espirando en sus brazos. Después de esa trágica escena, el infeliz padre, ciego de dolor, agarra el exánime cuerpecito y se huye a toda carrera.

Cuando llegamos nosotros, ya estaba muy lejos, había ido a sepultarle. ¡Cual sentimiento tuviéramos! Quién lo pudiera decir!... Pues la tos es sanable.


UNAS PREGUNTAS


¿Adónde va uno cuando muere? Preguntamos yo el Hno. Fernando al Indio Matías (Checher) luego a Tobías (Tarun-kante) y a otros separadamente y más tardes juntos. R. No se nada (Yataixon.) — Entonces, añadimos, porque cuando morir uno, llorar mucho? Koneswa? Oljenkar? R. Wirikaken — querer mucho. Preguntados varias veces separada y juntamente varios individuos si tenían alguna idea del Ser Supremo, de Dios? R. Risowen — Nada. El muerto adónde va? R. Tierra nomás. Wiwaken Sepultar.

Nada sabían; todo esto lo ignoraban completamente, porque antes que llegásemos nosotros los Misioneros, nadie nunca les había hablado de estas cosas.


CAPITULO IV.

ANTROPOFAGISMO

Algunos Viajeros han llamado Antropófagos a los Fueguinos, escribiendo las impresiones de sus viajes. Entre los más célebres, son, sin duda, Fitz-Roy y Darwin, que estuvieron por allí a principio del siglo pasado (1826-30). Este último, en modo particular, materialista declarado, para probar su aserción que el hombre proviene del mono Orangután, por una serie