Página:Los ladrones de Londres.djvu/16

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El pertiguero incorporándose con dignidad respondió —Porque yo le he inventado.

—­ Vos Señor Bumble?...

— Yo mismo Señora Mann. Tengo la costumbre de nombrar á nuestros espésitos por orden alfabetico. El anterior estaba en la S, y le llamé Swubble; este estaba en la letra T, y le dí el apellido de Twist; el que llegó despues se dijo Unwin; el que le siguió Vilkins, y asi sucesivamente. Tengo apellidos, acomodados hasta el turno de la Z, y luego el buen cuidado, de volver á empezar cuando se ha agotado el alfabeto.

­ — No es adular Señor Bumble, pero es preciso reconocer en vos una instruccion caudalosa.

— Es muy posible Señora Mann; —dijo el pertiguero plenamente satisfecho del cumplimiento —­es muy posible— y vació su vaso. —Ahora bien; siendo ya Oliverio demasiado grande para permanecer aquí, la Adminstracion ha decidido que vuelva á la casa, y yo mismo he venido á buscarlo; con que hacedle venir para que yo le vea.

— Voy á llevaroslo al instante. —dijo la Señora Mann saliendo de la sala.

Oliverio á quien se había desembarazado de una gruesa capa de grasa que formaba una costra en su rostro y en sus manos, (al menos, toda la que era posible quitar en una sola vez,) entró en la sala conducido por su benevola protectora.

— Saludad Señor Oliverio— dijo la Señora Mann.

El niño hizo un saludo, dividido entre el pertiguero sentado en la silla, y su sombrero de tres picos colocado sobre la mesa.

— ¿Quieres venirte conmigo Oliverio?. —dijo con magestad Mr.Bumble.

Este iba á responder que seguiría con sumo contento al primer venido, cuando alzando los ojos que por respeto había tenido hasta entonces inclinados al suelo, su mirada se encontró con la de la Señora Mann, que colocada tras la silla del pertiguero,