Página:Los ladrones de Londres.djvu/24

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—Entrad.—dijo el hombre del chaleco blanco.

Mr. Gamfield despues de haber retrocedido algunos pasos para soplar á su rucio un nuevo golpe en la cabeza y una nueva sacudida en la quijada, por via de advertencia de que no se meneara durante su ausencia, siguió al caballero del chaleco blanco basta la sala , donde Oliverio Twist lo habia visto por primera vez.

—Es un oficio bastante sucio!—­dijo Mr. Limbkins despues que Gamfield hubo expuesto de nuevo su pretension.

Parece que ya ha habido muchachos ahogados en las chimeneas. — dijo otro.

-Porque se mojaba la paja antes de encenderla para hacerlos bajar de ellas-―dijo Gamfield. -―Todo era humo sin llama... Además, de nada sirve el humo para hacer bajar un muchacho de una chimenea; al contrario no es bueno sino para adormecerle que es lo que quiere. Los niños, como saben Vds. señores, son perezosos y obstinados como el diablo; nada mejor que una buena llama para afufarles. Sobre todo es hacerles un gran favor por que á la verdad Señores, el asarles una miaja las plantas de los pies cuando se han aletargado en la chimenea, es muy del caso para hacerles deslizar con mas rapidez.

El hombre del chaleco blanco se mostró muy satisfecho de esta esplicacion; pero una mirada de Mr. Limbkins reprimió instantáneamente su contento. Los miembros del consejo continuaron hablando entre si por algunos momentos; pero tan bajo que estas palabras: procuremos la economía...veamos el libro de cuentas... hagamos imprimir una informacíon, fueron las solas que pudieron oirse; porque se repitieron muy amenudo y con mucho enfasis.

Al cabo cesó el cuchicheo y habiendo recobrado los miembros del consejo, cada uno su silla y su dignidad, Mr. Limbkins tomó la palabra:

Hemos discutido vuestra proposicion y no la admitimos. dijo á Gamfield.