Página:Los ladrones de Londres.djvu/33

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—Pues ya! — dijo el otro—Y si no gano gran cosa en tal ó cual artículo... Carambal siempre hay recompensa en la bondad del hecho ¿no es cierto? he! he! hel

— Justamente. — prefirió Mr. Bumble.

—Sin embargo, podría. qnejarme de la lucha desigual que sos tengo pues que siempre son las personas fomidas las que se lar gun primero despues de haber probado el régimen de esta casa. prosiguió el empresario reanudando el hilo de las reflecsiones que el pertiguero había interrnmpído―Si Señor Bumble; acá internos, tres ó cuatro pulgadas de mas en la cuenta de un individuo, abren una famosa brecha en sus beneficios, sobre todo cuando tiene una familia que mantener.

Como Mr. Sowerberry decía esto con el aire de indignacion propia del contratista engañado y Mr. Bumble conoció que insistiendo sobre este punto podía acarrear alguna observacíon desagradable respecto el honor de la parroquia, consideró prudente el mudar de conversacion y Oliverio le proporcionó el medio.

—Conoceriais casualmente alguno―dijo―que necesitara un aprendiz? Hay en la parroquia un niño, que actualmente es una carga monstruosa para ella ó mejor una rueda do molino suspendida de su cuello. Señor Sowerberry buenas condiciones! Una verdadera ganga! ―Así hablando dió con sn baston tres golpecitos muy marcados sobre las palabras: cinco libras esterlinas impresas en el anúncio en mayúsculas romanas de una talla gigantesca.

—- Por vida de...―esclamó el empresario cogiendo á Bamble por el faldon de su levila de uniforme —justamente quería hablaros de esto. No ignorais..... Diantre! Que hermoso escudo llevais Señor Bumble! Paréceme que no os lo habia visto an teriormente?

—Si; hace bastante buen efecto. ―dijo el pertiguero envane­cido de la observacion. ―El asunto es identíco al del sello parroquial: (el buen Sasuaritano curando las llagas de un pobre enfer