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E. BLASCO.

para tomar el café y fumar charlando de todo un poco.

 La taza de café estaba sobre el piano. Gayarre se sentó, y mientras yo le servía, comenzó á deslizar los dedos por el teclado descuidadamente.

 — He encontrado en Italia unas romanzas muy antiguas — nos dijo — pero muy lindas.... Hay una de un soldado que se va á la guerra y vuelve y encuentra á la novia casada.... que tiene una melodía tan dulce.... veréis.... una cosa así....

 Y empezó á cantar á media voz, acompañándose; y una vez comenzado el canto, siguió, siempre á media voz, la romanza toda; y entonces las señoras se fueron acercando de puntillas al corredor, y los niños que estaban ya arriba se asomaron también de puntillas, cogidos de la mano del aya, á la barandilla de la escalera; los vecinos de la casita de al lado salieron á las ventanas sin hacer ruido, y las hojas secas desparramadas por el jardín comenzaron á crujir como cuando llueve, bajo el peso de los pies de los aldeanos que pasaban por el camino y que invadían tímidamente la casa. Y así todos, sobre las puntas de los pies para no interrumpirle, las manos en las orejas, conteniendo el aliento, oyeron la preciosa melodía maravillosamente dicha allí en la soledad del campo y rompiendo el silencio de la noche; de modo que al acabarla resonó un aplauso inesperado, íntimo, salido del corazón de unos admiradores que parecieron surgir de la tierra ¿Cómo pueden olvidarse estas impresiones?