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MIS CONTEMPORÁNEOS.

funesto destino de nuestros hombres eminentes, que no pueden escapar á tal epidemia en un país como el nuestro, donde la política es la ocupación y aun la pasión primera. No hizo en política grandes cosas, ni podía ser de otra manera. Su imaginación tenía más alto vuelo.

 ¡Había que verle en aquellas discusiones de la sección de Ciencias morales y políticas, cuando después de hacer el resumen agitaba la cabeza y hacía flotar los cabellos, apelando á todos los recursos de su oratoria para producir el último efecto!

 Tenía la cabellera rizada, suelta sobre los hombros, y la cabeza, que era artística, le daba cierto aire de hombre de letras que no se compadecía mal con su personalidad de filósofo.... Una enfermedad de viruelas le había picado el rostro, pero no por eso era menos simpático y atractivo. Hablándole una vez, quedaba uno tan amigo como si le hubiera conocido desde la infancia. Tenía ese no se que de la simpatía, que ha hecho la mitad del éxito de Campoamor, de Salmerón, de Olózaga, de Echegaray y de otros de mis contemporáneos ilustres.

 Parece que no, y entra por mucho en la celebridad esta primera impresión que un hombre de talento ha de producir en las gentes. Frontaura es feo, Valera es tieso, Alarcón es serio, Zapata es descuidado. Cánovas es antipático, Pradilla es sombrío, Becerra es bizco.... se necesita intimar con ellos para convencerse de que no