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MIS CONTEMPORÁNEOS.

 ¡Oh! Bauer sabe vivir, lo cual es más difícil de lo que á primera vista parece.

 Es preciso observarle muy bien para ver que no pierde detalle alguno de cuanto le rodea. Observador delicado, parece que no se entera de las cosas; pero no es fácil que los que pretenden conocer los negocios le sorprendan. Y es que Bauer ha hecho de los negocios, á los ojos de las gentes, una cosa secundaria, por más que á realizarlos haya venido á España, país que ha conocido al momento, porque en él la simpatía es todo. Y Bauer es simpático, como Manzanedo es lo contrario.

 Hay en esto un deber de parte suya, que Bauer cumple con extraordinario talento.

 En Madrid, Bauer no es él; es otro.

 Bauer es Rothschild.

 Y del mismo modo que Fernán-Núñez, por ejemplo, es hoy la España en Francia, este banquero distinguido sabe que representar á Rothschild es lo mismo que ser el embajador del dinero de Europa.

 El dinero es ya atractivo por sí. Representado por un gentleman en un país pobre, el dinero duplica su valor, y por eso en las manos de Bauer un duro vale dos. Sus recepciones, sus favores, sus proposiciones llevan siempre una aureola que se presiente. El nombre de Rothschild acude siempre á la memoria.

 Ayúdale no poco la figura. Indo era vulgar, Manzanedo es cursi; Salamanca es viejo; Murga es invisible; Campo es ostentoso; Bauer es hermoso. Las mujeres