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MIS CONTEMPORÁNEOS.

más. En su casa había retratos de mujeres hermosísimas, objetos de valor incalculable. Una vez le robaron un cajoncito de madera que contenía encajes por valor de veinte mil duros. — Compraré otros, nos dijo, así como de pasada. Después de aquel almuerzo, el Duque y yo conservamos una buena amistad, aunque sin trato íntimo. El año 70 le encontré en París, acompañado del rey Francisco de Asís, en una tienda de flores. Yo estaba entonces en la embajada al lado de Olózaga, que á mi vuelta de Egipto me había confiado su correspondencia. — Eso no importa, me dijo el Duque de Baños; yo no hablo nunca de política; respeto las opiniones de todo el mundo; venga usted á comer mañana, conocerá usted á la Duquesa.

 Fui.

 Vivían en el Faubourg Saint- Honoré. La Duquesa me pareció un ser angelical. Una señora delicadísima, con cierto aire de timidez que la hacía más interesante.

 Se adivinaba en aquel interior un matrimonio muy bien avenido. Meneses me habló de su próximo viaje á Baviera, de compra de grandes posesiones, del empeño que notaba en los españoles de calumniarle y hacerle daño. Me enseñó su fotografia con el disfraz que se puso para salir de España el 29 de Septiembre. Se notaba en su casa, en su conversación una atmósfera de millones, como dice cierto amigo mío. Era un millonario risueño que daba en qué pensar; por aquí se dice que ha dejado quince millones de francos á sus herederos.