Página:Mitos y fantasías de los aztecas.djvu/167

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Templo Mayor, lo cual permitió su rescate. Llegó a tal punto la batalla, que las mujeres y los niños intervinieron. Cortés desde un principio le tuvo mucho celo de Ixtlilxóchitl y no le reconoce merito por su intervención, pero sin ella y los hombres que aportó, difícilmente los españoles hubieran vencido.

Los invasores—conquistadores—colonizadores, de ayer y de hoy, basan su dominio en dos armas poderosas en contra de los invadidos, que las siguen fomentando y les siguen dando buenos resultados hasta la fecha:

LA IGNORANCIA Y LA DIVISIÓN INTERNA.

Cortés lo que provocó fue una “guerra civil”, gracias a las trasgresiones a la doctrina tolteca que hizo la clase dirigente al interior de los propios aztecas; y a las divisiones y luchas que existían entre los pueblos del Anáhuac.

“Mas, contra toda expectativa, Tenochtitlán no cayó al primer asalto, ni al segundo, ni al tercero, ni a ninguno por semanas y por meses —"noventa y tres” largos días—, demostrando los sitiados una resistencia portentosa, y tal capacidad guerrera que, de no haber persistido en ser fieles hasta lo último a sus leyes de guerra, que les imponía no matar, sino capturar para el sacrificio, no es temerario creer que hubiesen vencido, pues, pese a que la lucha fue brutal, hasta contra la ciudad misma, ganaron muchas batallas, tomaron prisioneros y sacrificaron a docenas de españoles y a legiones de indios aliados —salvándose el propio Cortés varias veces de milagro—, hicieron zozobrar bergantines, hasta aprendieron a defenderse de los cañones...” José Luís Guerrero. 1990.

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