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Ó EL OPTIMISMO.

del mal físico, y del mal moral, que cubren mares y tierras, y yo tuviera valor para hacerle con mucho respeto algunos reparillos.

Miéntras contaba cada uno su historia, iba andando el navío, y al fin aportó á Buenos-Ayres. Cunegunda, el capitan Candido y la vieja se fuéron á presentar al gobernador Don Fernando de Ibarra, Figueroa, Mascareñas, Lampurdan y Souza, el qual señor tenia una arrogancia que no desdecia de un sugeto posesor de tantos apellidos. Trataba á los hombres con la mas noble altivez, alzando el pescuezo, hablando en tan descompasadas y recias voces, y en tono tan altivo, y afectando ademanes tan arrogantes, que á quantos le saludaban les venían tentaciones de hartarle de bofetadas. Era con esto enamorado hasta no mas, y Cunegunda le pareció la mas hermosa criatura de quantas habia visto. Lo primero que hizo fué preguntar si era muger del capitan. Sobresaltóse Candido del tonillo con que acompañó esta pregunta, y no se atrevió á decir que fuese su muger, porque verdaderamente no lo era; ni ménos que fuese su hermana, porque no lo era tampoco; puesto que esta mentira oficiosa era muy freqüentemente usada do los antiguos: pero el alma de Candido era tan pura que no pudo desmentir la verdad. Esta Señorita, díxo, me debe favorecer con su mano, y suplicamos ámbos á Vueselencia que se digne ser padrino de los novios. Oyendo esto Don Fernando de Ibarra, Figue-