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ZADIG,

bre que saliese con victoria en ámbas pruebas; porque estaban resueltos á no reconocer por rey á quien no fuese el mas valiente y mas discreto. En todo este tiempo no se permitia á la reyna comunicar con nadie: solo se le daba licencia para que asistiera á los juegos cubierta de un velo; pero no se le consentia hablar con ninguno de los pretendientes, porque no hubiese injusticia ni valimiento.

Este aviso daba Astarte á su amante, esperando que acreditada por ella mas valor y discrecion que nadie. Partióse Zadig, suplicando á Venus que fortaleciera su ánimo y alumbrara su entendimiento, y llegó á las riberas del Eufrates la víspera del solemne dia. Hizo asentar luego su mote entre los de los demas combatientes, escondiendo su nombre y su rostro, como mandaba la ley, y se fué á descansar al aposento que le habia cabido eu suerte. Su amigo Cador que estaba de vuelta en Babilonia, habiéndole buscado en Egipto, mandó llevar á su quarto una armadura completa que le enviaba la reyna, y tambien con ella el caballo mas lozano de la Persia. Bien vió Zadig que estas dádivas eran de mano de Astarte, y adquirió nuevo vigor, y esperanzas nuevas su amor y su denuedo.

Al dia siguiente, sentada la reyna baxo un dosel guarnecido de piedras preciosas, y llenos los anfiteatros de todas las damas y de gente de todos estados de Babilonia, se dexáron ver