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EDGAR POE. — NOVELAS Y CUENTOS

tenia la altura suficiente para representar á Jerjes et id genus omne.

— ¡El frutero! Vd. me asombra, — No conozco ningún frutero.

— El hombre que llevó á Vd. por delante cuando entrábamos por la calle, hace un cuarto de hora cuando más.

Entonces me acordé de que en efecto, un frutero, que llevaba sobre la cabeza una gran canasta de manzanas, me había derribado casi, por casualidad, cuando pasábamos de la calle C... á la en que nos hallábamos; pero, que tenía que hacer esto con Chantilly, era lo que no podía comprender.

No había una particula de charlataneria en Dupin.

— Explicaré à Vd., dijo, y para que pueda comprender claramente, repasaremos primero el curso de sus meditaciones, desde el momento en que hablé á Vd. hasta el del encuentro con el frutero en cuestión, — Los más grandes estabones de la cadena están en esta posición. — Chantilly, Orión, Dr. Nichols, Epicuro, la Esteorotomía, las piedras, el frutero.

Hay pocas personas, que en algunos períodos de su vida, no se hayan divertido en retrasar los medios por los cuales han llegado á ciertas conclusiones. La ocupación es a menudo llena de interés; y el que la intenta por la vez primera, se sorprende de la ilimitada distancia é incoherencia, que parece haber entre el punto de partida y el de llegada.

¡Cuán grande fué mi aturdimiento cuando oi hablar al francés de aquella manera, y cuando no pude dejar de conocer que había dicho la verdad? Él continuó:

— Habiamos estado hablando de caballos, si recuerdo