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EDGAR POE. — NOVELAS Y CUENTOS

mientras que un débil rayo de luz atravesaba repentinamente la oscuridad y se extinguía casi al mismo tiempo.

Vi claramente el destino que me había sido preparado, y me felicité del accidente oportuno y que me había salvado, Un paso más, y el mundo no me hubiera vuelto á ver. Y esta muerte evidata á tiempo tenia esa mismo carácter que había mirado como fabuloso y absurdo en los cuentos que se hacían sobre la Inquisición. Las victimas de su tiranía no tenían otra alternativa que la muerte con sus más crueles agonías físicas, ó la muerte con sus más abominables torturas morales. Yo había sido destinado para esta última. Mis nervios estaban distendidos por un largo sufrimiento, hasta el punto que temblaba al sonido de mi propia voz y me había convertido, bajo todos aspectos, en un excelente sujeto para la especie de tortura que me esperaba.

Temblando todos mis miembros, retrocedí á tientas hacia el muro, resuelto á dejarme morir en él antes que afrontar el horror de los pozos que mi imaginación multiplicaba, ahora, en las tinieblas de mi calabozo. En otra situación de espíritu, habría tenido el valor para concluir con mis miserias de un solo golpe, por la inmersión en uno de aquellos abismos; pero entonces era el más perfecto de los cobardes. Y después, me era imposible olvidar lo que había leído respecto á esos pozos, que la extinción repentina de la vida, era una posibilidad cuidadosamente excluída por el infernal genio que había concebido su plan.

La agitación de mi espíritu me tuvo despierto durante largas horas, pero al fin me adormecí de nuevo. Al recordarme, encontré á mi lado, como la primera vez,