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HOP-FROG

Al fin, sin pronunciar una palabra, la rechazó violen­tamente lejos de sí y le echó al rostro el contenido de la copa llena hasta los bordes.

La pobre niña se levantó lo mejor que pudo y no, atreviéndose ni aun á imspírar, volvió á ocupar su, puesto junto á la mesa.

Durante medio minuto reinó un silencio de muerte, durante el ·cual se hubiera podido oir caer una hoja ó, una pluma. Este silencio fué interrumpido por una especie de rechinamiento prolongado que parecía sa­lir de todos los rincones de la habitación.

— ¿Porqué? ¿porqué haces ese ruido? — preguntóel rey volviéndose con furor hacia el enano.

Este ultimo parecía haber vuelto en si poco á poco de su borrachera, y mirando cara á cara y fijamente, pero con tranquilidad, al tirano, exclamó simplemente:

— ¿Yo? — ¿yo? ¿Cómo puedo ser yo?

— El sonido me ha parecido venir de fuera—observó uno de los cortesanos; — imagino que es el loro que, aguza su pico en los hierros de su jaula.

— Es verdad, — replicó el monarca, como si esta idea le quitase un gran peso; — pero por mi honor de caballero hubierra jurado que era el rechinar de losdientes de ese miserable.

Al oír esto el enano se echó á reir (el rey era dema­siado bromista para hallar nada reprensible en la risa de nadie) y mosró una ancha, poderosa y espantosa, fila de dientes. Mas aun declaró que estaba dispuesto, á beber todo el vino que se le diese. El monarca se calmó, y Hop-Frog después de haber bebido un nuevovaso de vino sin el menor inconveniente, entró en se­guida con calor á tratar del plan de la mascarada.