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LOS CRÍMENES DE LA CALLE MORGUE

tida de damas en que las piezas están reducidas á cua­tro, por lo que naturalmente no debe esperarse nin­guna torpeza. Es obvio que aquí la victoria puede ser decidida (siendo los jugadores de la misma fuerza) solamente por un movimiento hábil, resultado de algún gran esíuerzo de la inteligencia. Desprovisto de los recursos vulgares, el analista entra en el espíritu de su adversario, se identifica con él, y frecuentemente ve de una sola ojeada, el único método (algunas veces absurdamente simple) por el que puede seducirlo á errar ó precipitarlo á calcular mal.

El whist ha sido largo tiempo citado por su influen­cia sobre lo que se llama poder calculador; y se han conocido hombres de la más notable inteligencia que parecían tomar una indecible delicia en él, evitando el· ajedrez como un juego frívolo. Sin duda, no hay nada de naturaleza similar que ocupe más fuertemente la facul­tad del análisis. El mejor jugador de ajedrez de la Crisliandad, puede ser poco más que el mejor jugador de ajedrez; pero perfección en el whist implica capa­cidad para salir bien en cualquiera de las mús impor­tantes empresas en que el talento lucha con el talento. Cuando digo perfección, entiendo esa perfección en el juego que incluye conocimiento de todas las fuentes de que pueden derivar ventajas legítimas. Éstas son no sólo diversas, sino multiformes, y existen frecuente­mente entre profundidades de pensamiento inacce­sibles á la comprensión común.

Observar bien, es recordar distintamente; y bajo ese punto de vista, el jugador de ajedrez que sea atento, obtendrá éxitos en el whist; pues que las reglas de Hoyle (basadas en el simple mecanismo del juego)