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LOS CRÍMENES DE LA CALLE MORGUE

su arreglo, embarazo, hesitación, vehemencia ó trepi­dación; todo proporciona á su percepción aparente­mente intuitiva, indicaciones sobre el verdadero estado del juego.

Habiendo sido jugadas las dos ó tres primeras manos, conoce á fondo el juego de cada uno, y desde entonces, reparte sus cartas con tan absoluta precisión de objeto, como si el resto de la compañía hubiera dado vuelta las suyas.

El poder analítico no debe ser confundido con la simple ingeniosidad; porque mientras el analista es ne­cesariamente ingenioso, el hombre ingenioso es á me­nudo incapaz de análisis. El poder de combinación ó constructividad, por el cual se manifiesta generalmente la ingeniosidad y al que los frenólogos (están equivo­cados, según creo) han asignado un órgano aparte, suponiéndolo una facultad primitiva, ha sido visto tan á menudo en gentes cuyo intelecto estaba cercano del idiotismo, que ha motivado discusiones entre los que escriben sobre moral.

Entre la ingeniosidad y la aptitud analítica existe una diferencia mucho más grande, á la verdad, que entre la imagen y la imaginación, pero de un carácter estrictamente análogo. Se encontrará, en fin, que el ingenioso es siempre imaginativo, y el verdadero ima­ginativo no es nunca otra cosa que un analista.

La narración siguiente parecerá á los lectores un comentario luminoso de las proposiciones ya avanzadas.


Residiendo en París durante la primavera y parte del verano de 18..... hice conocimiento con un señor C. Augusto Dupin. Este joven caballero era de una