Página:Pensamientos (Rousseau) - Tomo II.djvu/102

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grandes ciudades, que no hay un asilo para el retiro, y aun en la propia casa de uno se está al público. A fuerza de vivir con todo el mundo, ya no se tiene familia; apénas conoce uno á sus parientes, se les mira como estraños; y la simplicidad de nuestras costumbres domésticas se estingue, como igualmente la dulce familiaridad que hacia su encanto.

 La urbanidad, ó lo que es lo mismo, la política francesa, es reservada y circunspecta, y se rige únicamente por lo esterior: la de la humanidad desprecia los frivolos cumplimientos, y de lo que menos se precia es de distinguir á la primera ojeada los estados y los rangos, pues en general respeta á todos los hombres.

 Veo que no podria usarse un lenguage mas cortés que el de nuestro siglo, y he aquí lo que me admira; pero veo tambien que no podrian tenerse costumbres mas corrompidas, y he aquí lo que me escandaliza. Pensamos que hemos llegado á ser honestos, porque á fuerza de dar nombres decentes á nuestros vicios, hemos aprendido á no avergonzarnos de ellos.

 Un habitante de un pais lejano, que tra-