Página:Pensamientos (Rousseau) - Tomo II.djvu/157

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unos hijos que no son suyos, hace traicion á los unos y á los otros, y á la infedilidad añade la perfidia. Apénas veo desórden y delito que no penda de este. Si hay algun estado horroroso en el mundo, es el de un padre desgraciado que falto de confianza en su muger no se atreve á entregarse á los sentimientos mas dulces de su corazon, que abrazando á su hijo duda si abraza tambien al de otro, prenda de su deshonor y ladron de los bienes de sus propios hijos. ¿Que es entónces la familia sino una sociedad de enemigos secretos, que una muger culpable arma uno contra otro, obligandoles á fingir un colorido de amor mutuo?

 Los antiguos en general tenian un gran respeto ácia las mugeres; pero este respeto lo manifestaban absteniendose de esponerlas al criterio del público, y creian honrar su modestia guardando silencio sobre sus otras virtudes. Ellos tenian por máxima que el pais en donde las costumbres eran mas puras era aquel en que se hablaba menos de las mugeres, y que la muger mas honesta era tambien aquella de quien menos se hablaba. Por este principio, un Esparciata oyendo á un estrangero hacer magníficos elogios de