Página:Pensamientos (Rousseau) - Tomo II.djvu/159

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á nuestro sexo con sus propios talentos; y los imbéciles espectadores van simplemente á aprender de las mugeres lo que tanto se han esmerado ellos en enseñarlas. Todo esto en realidad es burlarse de ellas, es tacharlas de una vanidad pueril, y no dudo que las mas sabias se indignen de ello. Recorred la mayor parte de las piezas modernas: siempre es una muger la que lo hace todo, la que todo lo enseña á los hombres: siempre la señora de corte es la que hace decir el catecismo al niño: un niño no podría comer su pan si no se lo partiese su ama. He aquí una imágen de lo que pasa en las piezas modernas: la aya está sobre el teatro, y los niños en el patio.

 La primera y mas importante cualidad de una muger es la dulzura: hecha para obedecer á un ser tan imperfecto como el hombre, frecuentemente tan lleno de vicios, y siempre tan lleno de defectos, ella debe enseñarle desde muy temprano á sufrir hasta la injusticia, y á soportar sin quejarse las de su marido. Debe ser dulce, no por él, sino por ella misma: el descubrimiento y la terquedad de las mugeres nunca hacen mas que aumentar sus males, y los malos proce-