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BOLETIN BIBLIOGRÁFICO

pleta y elevarse sobre la limitada esfera del empirismo escocés. Menos plausible nos parece la aplicación que, siguiendo á Sanseverino, hace de las denominaciones de Dinamilogía y Antropología. Dinamilogía, según su valor etimológico, significa tratado acerca de las fuerzas, sin particular determinación á la de Dios, ni á las del mundo físico, ni á las del espíritu humano ni á las de los ángeles, ni á las de los animales. Tiene, pues, una significación mucho más general que la que le atribuye el Sr. Ortí y Lara. No es, por tanto, término exacto en la acepción en que él lo emplea. Lo propio decimos de Antropología. Esta palabra, no sólo atendiendo á su origen, sino también por razón del uso, significa tratado del hombre, del hombre íntegro, del hombre físico lo mismo que del espiritual; por donde se ve que, lejos de ser la Antropología una parte de la Psicología, sucede todo lo contrario, la Psicología es una parte de la Antropología. Cambiar esta relación, contrariando las ideas recibidas, como lo hace el Sr. Ortí y Lara, sólo puede servir para aumentar la algarabía y confusión, ya no pequeñas, que reinan en el campo de las ciencias filosóficas, con tanta diversidad de sistemas y nomenclaturas. ¿Cómo llegar á entendernos si cada cual toma en diverso sentido las expresiones?

Hemos indicado que nuestro autor acata como autoridad suprema en materias filosóficas á La Civiltá Cattolica. Véase ahora un ejemplo de su humilde adhesión á los dictámenes de la célebre Revista romana, aun en las cosas de menos momento. Sanseverino, y su discípulo y colaborador Prisco, bautizaron con el nombre de Psicologismo racional la doctrina por ellos profesada acerca del origen de las ideas; pero vino La Civiltá censurando esa denominación y prefiriendo la de sistema escolástico, y hé aquí que, sin otra razón ni fundamento, el Sr. Ortí y Lara prefiere y adopta esta última. Con perdón de La Civiltá y del docto profesor español, nosotros creemos mucho más aceptable la primera de dichas denonimaciones, puesto que responde adecuadamente á los caracteres intrínsecos del objeto designado, mientras que la segunda solo expresa, inexactamente por cierto, las relaciones históricas del mismo. Inexactamente, decimos, porque en orden al punto mencionado no hay UNO, sino VARIOS sistemas escolásticos. No recordaremos, en prueba de ello, las controversias que sostuvieron en la Edad Media, y aun en tiempos posteriores sobre el origen y naturaleza de las ideas, los nominalistas, conceptualistas y realistas, los tomistas, escotistas y otras sectas escolásticas; bastará hacer notar que uno de los sistemas ideológicos impugnados por el P. Zeferino González, escolástico acérrimo, es el de la representacion sensible, seguido y defendido á su vez por los PP. Cuevas y Liberatore, cuyo escolaticismo nadie pondrá en duda, y menos el Sr. Ortí y Lara que por escolásticos los alaba con tan sincero entusiasmo. Escolástico inflexible es también el mismo Sr. Ortí y Lara. Pues, sin embargo, en su teoría ideológica falta por completo un elemento, que hace muy principal papel en la de Santo Tomás, el príncipe de los escolásticos; elemento de importancia suma y que pone radicales diferencias, por más que se procure disimularlo, entre los que le admiten y los que le excluyen, el elemento ontológico, derivado de San Agustín, el Doctor Angélico, para quien preexisten innatos en nuestro entendimiento, como impresión de las razones eternas y