Página:R.E.-Tomo X-Nro.37-Id.05.djvu/8

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predileccion habia escrito y que dio á la estampa su viuda al año siguiente, era su concepción más estravagante, su Ingenioso Hidalgo debia de ocupar el puesto más preclaro en la literatura clásica del mundo.

Aunque tuvo el gran novelista algunos imitadores, todos cayeron como Ícaro desde el cielo de la vanidad al mar del olvido, derretidas las alas por aquel sol radiante, cuya producción, asombro posteriormente de los Walter-Scott, Voltaire y Rousseau y de cuantos talentos han existido, é impresa y traducida en miles de ediciones á todas las lenguas, una vez en latin, otra en vascuence, dos en catalan, otras dos en rumano, cuatro en ruso, cuatro en griego, seis en dinamarques, ocho en polaco, trece en sueco, setenta en alemán, ochenta y una en portugués, noventa y seis en italiano, ciento sesenta y nueve en francés, trescientas y una en inglés y cuatrocientas diez y siete en castellano, ha sido hasta el presente inimitable.

No así las obras de Hurtado de Mendoza y Aleman, cuyo género además de pasar al teatro, impulsó á otro ramo de la literatura, á los cuentos ó novelas de cortas dimensiones, que inauguró en España á mediados del siglo XIII con su Conde Lucanor el infante D. Juan Manuel, pariente del rey Alfonso el Sabio.

En 1618 apareció El Escudero Márcos de Obregon de Vicente Espinel, natural de Ronda, estudiante en Salamanca, soldado en Flándes y capellán por último en su ciudad natal, poeta que inventó en la métrica castellana la décima ó espinela, músico que aumentó la quinta ó sexta cuerda á la guitarra, y novelista que, inspirándose en El Lazarillo y en El Guzman de Alfarache, sino fué tan puro y correcto como Mendoza y Alemán, les aventajó en los efectos dramáticos y en la riqueza de la trama.

Pocos años trascurridos, el médico segoviano Jerónimo Yáñez Rivera se mostró con gran fortuna en público con su Mozo de muchos amos, escrito en diálogo desde la primera a la última página; en 1627 Quevedo presentó su Gran Tacaño y en 1632 Castillo Solórzano su Niña de los embustes, cuya continuacion obtuvo gran popularidad en 1634 con el título de La Garduña de Sevilla.

La novela satírica, la genuinamente española, siguió mereciendo entre nosotros universales simpatías hasta fines del siglo XVII.

y , después de haber dado á Europa con las aventuras de Don