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108 PAGINAS INMORTALES

na, que todo lo sacrificaré gustosa en aras de la Pa- trial

Tranquilizada algfin tanto por el Genera1,—que algo enfermo habia penetrado a descansar en un rancho a la entrada de esa hacienda,—prosigui6 Dofia Paula:

——Antes mandé e1 resto de mi ganado en auxilio del ejéreito; ahora traigo cineuenta de mis inqui- linos, patrioias {L toda prueba, para que los incor- pore Vd. 2'1 sus filas. También 1e presento aqui mis dos hijos con igual objeto.

Y dirigiéndose 2'1 ellos, ales arrengo en tono firme y V-aronil eon estas palabrasz

—Hi_jos mios! Sabed que si no cumplis con vues— tro deber, dejaréis de llamarme madre. Acordéos de que la muerte es preferible a la ominosa esclavitud que nos quieren deparar los enemigos. Yo os daré e1 ejemplo. Seguidme y veréis cémo arrostraré los pe- ligros hasta el filtimo extriemo antes que doblar la cerviz :1 los ezttrafios.

Luego, dijo a San Martin, (que la eseuchaba eo- mo aténito por tanta intrepidez y abnegacién:

—Buen animo, mi General; e1 revés -que Vd. ha sufrido hara Ver que somos dignos de ser libres; pronto acreditaremos {L 10s invasores que merecemos tener una Patria.

Y el grupo de servidores fieles que la acompa1'1a— ban, como también eaballos, alimentos, refrescos, to- do 10 aeepté e1 Libertador, asi como las casas de la hacienda que bien pronto se convirtieron en Guar- tel general, almacén de viveres, hospital para he- ridos y punto de reunion desde donde los grupos dispersos eran remitidos a1 campamento general.