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14‘: PAGINAS INMORTALES

la mayor parte de sus joyas, sacrificé su caudal, reunié armas, municiones y viveres, y en fin, au- xilié de todos modos a los independientes, eseri- bién-doles con frecuencia y excitandolos a que con- tinuaran peleando.

Cierto dia malhadado, uno de sus amigos a quién ella estirnaba mucho y estaba a1 corrient-e de sus planes, abuso con infamia de la confianza que en él habia deposibado y la denuncio al Gobernador.

Don Antonio Forminaya, hombre feroz, adusto 3' perseguidor, que en aquel afio gobernaba e1 So- corro, enfurecido, la man-do aprehender.

Una vez en su presencia, la dijo:

—Sefiora, se ha denunciado a este despacho que usted auxilia 2?. 10s insurgentes. H-ay pruebas,'pe- ro mandé é, llamar a Vd. para que declare si es c-ierto 6 no.

—;Es .cierto!—contest6 Antonia con firmeza —pero he Acumplido con un deber.

—;Cémo!— exclamé Forminaya— confiesa Vd. sin ambajes auxiliar a los insurgent-es?

—No es insurgente, Sefior Gobernador—rep1ic6 Antonia, parand-ose—quien combatve por sus dere- chos y trata de adquirirlos a pesar de la-s cI'ue1da- des de funcionarios imp1acab1es_

—; Se1'ioraI—rugi6 el Gobernador. Y cuadré.n- dose de pronto frente a su secretario, 1e ordené:

—Haga usted poner cuanto antes a esta mujer en capilla y cuanto antes también le presten 10s au- xilios espirituales que necesita, pues, por mi Vida, sera alaeabuceada dentro de 48 horas en el sitio don- de mueren siempre los rebeldes.

—Sefi0r Gobernador-—dijo entonces en tono sen-