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Madama de Sévigné

no menos disoluta, no menos licenciosa y más atroz todavía por la crueldad que se unió al escándalo, especie de transición horrible entre las demasías de Enrique III y las de Luis XV. Las malas costumbres de la Liga, que habían germinado bajo Enrique IV y Richelieu, no siendo suprimidas, volvieron a florecer. El escándalo fué entonces tan monstruoso como lo había sido en la época de los mignons, y como lo fué más tarde en los tiempos de los mignons, y como lo había más tarde en los tiempos de los roués; pero en lo que se asameja esta época al sigle xvi, y la diferencia de la del xviii, es sobre todo en los asesinatos y envenenamientos, estas costumbres italianas debidas a los Médicis, y el furor insensato de los duelos, herencia de las guerras civiles. Tal aparece para el lector imparcial la regencia de Ana de Austria; tal es el fondo tenebroso y sangriento sobre el que se dibujó una mañana la Fronda que hemos convenido en llamar una broma a mano armada. La conducta de las mujeres de entonces, las más distinguidas por su nacimiento, su ingenio y su belleza, parece fantástica, y se llega a creer que los historiadores las han calumniado. Pero como un exceso trae consigo otro contrario, el pequeño número de las que escaparon de la corrupción se echaron en los brazos de la metafísica sentimental y se hicieron preciosas y de ahí vino el hotel de Rambouillet[1]. Este fué un asilo de las buenas costumbres en el seno de la alta sociedad. En cuanto al buen gusto, también dió su fruto, puesto que Madama de Sévigné apareció.

La señorita María de Rabutin-Chantal, nacida en 1626, era hija del barón de Chantal, duelista desenfrenado, que en un día de Pascua abandonó la mesa de la Eucaristía para ir a servir como testigo al famoso conde de Bouteville. Educada por su tío, el buen abad de Coulanges,

  1. Se ha escrito mucho en estos últimos tiempos acerca del hotel de Rambouillet; se podrian anotar además de la de Roederer, cuatro o cinco historias pequeñas. Me parece que en todas ellas acaba el hotel de Rambouillet antes de lo que en realidad fué. Aparece en completo apogeo y con su mayor brillo al comienzo de la Regencia (1643-1648).