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Retratos de Mujeres

recibió desde muy temprano una instrucción sólida, y aprendió, al cuidado de Chapelain y de Ménage, el latín, el italiano y el espanol[1]. A los diez y ocho años se casó con el marqués de Sévigné, muy poco digno de ella, y que después de haberla descuidado mucho, murió en duelo en 1651. Madama de Sévigné, libre a esta edad, con un hijo y una hija, no pensó más en un nuevo matrimonio. Amaba con locura a sus hijos, sobre todo a la niña, y si tuvo otras pasiones no se le conocieron. Era una rubia risueña, nada sensual, muy alegre y amiga de chanzas. Las chispas de su ingenio pasaban y brillaban en sus pupilas inquietas; y como ella misma lo dijo, en sus paupières bigarrées, se hizo preciosa y pasó por le mundo amada, buscada, cortejada[2], sembrando en su derredor pasiones desventuradas, a las que prestaba poca atención, y conservando generosamente como amigos a los que no quería como amantes. Su primo Bussy; su maestro Ménage; el príncipe de Conti, hermano del gran Condé; el subintendente Fouquet, perdieron los suspiros que le dirigían; pero fué inquebrantablemente fiel a este último en su desgracia, y cuando cuenta su proceso a M. Pomponne, hay que ver con cuánta ternura le llama nuestro querido desgraciado. Joven tadavía, y bella sin pretensiones, no tenía más ideal en el mundo que amar a su hija, y no quería más dicha que la de verla brillar agasajada[3]. Mlle.

  1. Los talentos más fuertes y los más originales no llegan a ser perfectos si no han estado sujetos a una disciplina y no se han educado en una buena, retórica; Madama de Sévigné se educó así al cuidado de Ménage y Chapelain.
  2. Madama de La Fayette le escribía: "Vuestra presencia aumenta las diversiones y las diversiones aumentan vuestra belleza cuando la rodean; en fin, el regocijo es el estado verdadero de su alma, y nada hay más contrario a ella. que la pena". Madama de Sévigné tenla lo que se llama buen humor, humor en el exacto sentido del vocable, un buen humor a cada instante vario y colorido por su imaginación tan viva.
  3. Tenemos un encantador retrato de Madama de Sévigné joven, por el abad Arnaul, y preciso es que fuese su belleza esplendorosa y rica de color, para conseguir que el buen abad tuviese todo el talento de la familia. "Fué en este viaje —dice en sus Memorias (año 1657) —cuando Madama de Sévigné me hizo conocer a la ilustre marquesa de Sévigné, su sobrina. Todavia me parece verla tal como se me presentó la primera vez