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CÁMARA DE SENADORES

ra mirarán este objeto como digno de cuantos sacrificios podamos hacer para obtenerlo.

La leí de 16 de Agosto de 1836, que se dictó en los primeros momentos de la alarma producida por la conducta del Presidente de Bolivia, me autorizó para levantar un empréstito de cuatrocientos mil pesos, destinados a la creacion de una fuerza naval. El Gobierno, por decreto de 1.° de Setiembre del mismo año, lo redujo a la suma de doscientos mil pesos, pero cobró solamente ciento cinco mil. De este capital, que paga un ínteres de cuatro por ciento, están ya amortizados veintidós mil quinientos pesos, que ascienden a mas de la quinta parte.

Se han ajustado las bases de una contrata para la construccion de nuevos almacenes de Aduana en Valparaíso. Al presente se invierte en el arrendamiento de almacenes particulares i salario de los numerosos empleados de Aduana i Estanco, que son necesarios para su servicio, por estar diseminados a distancias considerables, la suma de veinticinco mil pesos, poco mas o ménos, con cuyo ahorro se reembolsará en cuatro años el costo del edificio proyectado.

Se han suspendido los subidos derechos impuestos sobre los azúcares i chancacas peruanas en el año de 1834; medida de retorsion por los que en el Perú se exijieron a los trigos i harinas de Chile.

Se ha espedido una ordenanza para el arreglo de la Contaduría Mayor i del Tribunal Superior de Cuentas. Esta medida, que yo había tenido la honra de anunciaros, tiempo hace, es de una importancia vital para el arreglo de la Hacienda pública.

Nada se ha omitido para hermanar en ella la custodia efectiva de los intereses fiscales, a la que importa mas que todo la prontitud en el exámen de las cuentas i en la decision de las causas con la claridad i simplicidad, no ménos necesarias para la exacta ejecucion de las leyes.

En esta época de dificultades para el Erario, el crédito público ha satisfecho escrupulosamente sus obligaciones.

Los empleados de todas clases han recibido sus salarios sin retardo ni descuento, no se ha establecido impuesto alguno estraordinario; no se ha recurrido al arbitrio odioso de los empréstitos o donativos forzados; no se ha causado gravamen alguno a las propiedades. El Gobierno ha encontrado en su crédito, en los espontáneos servicios de los particulares i en los recursos de una severa economía, lo necesario para cubrir sus empeños.

Me resta deciros, para daros idea del movimiento de las rentas públicas, que los ingresos del año 1837 ascendieron a dos millones quinientos setenta i un mil setenta i tres pesos, i los del año de 1838 a dos millones trescientos quince mil veinticuatro.

El Departamento de Guerra i Marina era naturalmente llamado a una ocupacion constante i laboriosa durante la lucha que ha sostenido Chile con el Usurpador del Perú; pero las providencias dictadas para la creacion, aumento, reforma, disciplina i destino de los varios cuerpos del Ejército, se os presentarán con mas oportunidad en la Memoria del respectivo Ministro. Los resultados de estas operaciones del Gobierno están a la vista; mediante ella hemos podido atacar al enemigo en la capital de su imperio, i el pabellon de Chile ha flameado sobre todas sus costas.

Entre tanto, la organizacion permanente de la fuerza armada, la lei de retiros, la reforma del Código Militar, la creacion de nuevos cuerpos cívicos, han dado también materia a los cuidados de la administracion i a la actividad de los jefes provinciales. Resta reglar el pié de paz del Ejército; el de nuestra Escuadra, que va pronto a ser aumentada con una fragata de excelente construccion, i lo que aun queda por hacer para que el sistema de nuestras leyes militares, el de los servicios i recompensas de nuestros guerreros, corresponda a la gloria de esta benemérita porcion del i Estado i a las esperanzas que sobre ella coloca la Patria.

Este debiera ser el lugar en que yo os trazase el cuadro de las operaciones militares en la guerra anterior. El íntimo enlace de este asunto con nuestras relaciones esteriores me ha hecho anticiparlo en gran parte, i solo me resta hablar de los sucesos que han puesto fin a la contienda. ¡Cuántos nombres inmortalizados por nuestras armas, si el de Yungai no los oscureciese! No necesitáis que yo os recuerde los pormenores de una victoria en que la pericia militar i el valor hicieron vanas todas las ventajas de que era dueño el enemigo en número, posicion i recursos, en que una juventud que haría entónces el primer aprendizaje de la milicia compitió en intrepidez i serenidad con los veteranos encanecidos bajo las armas; en que las fuerzas enemigas fueron no derrotadas sino destruidas i sus débiles restos no se salvaron sino para llevar la confusion i el desmayo a los pocos partidarios sinceros de una dominacion funesta, i para asistir a su postrera agonía. Tampoco esperareis que me esplaye sobre el inagotable asunto que me ofrecerían las proezas, las fitigas. los distinguidos servicios de los jefes, de los oficiales, de todos los individuos de aquel Ejército, gran parte de los cuales me glorío de haber contado entre mis antiguos compañeros de armas; la imponderable paciencia de la tropa en medio de privaciones i penalidades sin ejemplo; su disciplina, su moderacion, que resalta tan notablemente sobre su denuevo heroico. ¿Hai acaso uno de vosotros que no conserve impresos en la memoria con caractéres indelebles los pormenores que omito, i que, al oirlos, al referirlos, al celebrarlos, no haya palpitado mil veces con las emociones mas vivas de entusiasmo patriótico? El monumento decretado al Ejército Restaurador os parecerá, sin duda, un justo tributo de gratitud a nuestros héroes; él es por otra parte la sola recompensa de aquéllos a quienes no con