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CONGRESO NACIONAL

cio en la última guerra, se escusaron de admitirlo.

Art. 3.º Las viudas i huérfanos de los dados de baja que hubieren fallecido en los años corridos desde 1830, gozarán del montepío designado por la lei, si sus maridos o padres no se hallaban comprendidos en las excepciones espresadas en el artículo 2.º

Art. 4.º Declaro por el presente decreto cerrado el uso de las facultades estraordinarias conferidas al Gobierno por la lei de 31 de Enero de 1837.

Tómese razon i publiquese. —Santiago, Mayo 31 de 1839. —Prieto. Mariano Egaña Fabres.


Núm. 4[1]

Como yo tengo el privilejio de estar en todas partes, sin ser visto, una noche me introduje furtivamente en cierta tertulia de las mas respetables, por los sujetos que la componían. La conversacion era animada i sobre distintos asuntos. De vez en cuando la amenizaba i hacía agradable con rasgos injeniosos cierto caballero de estatura mediana, fisonomía festiva i mui espresiva en sus miradas i movimientos. Hácia alguna distancia descansaba sobre un blando sofá otro personaje, pensativo i taciturno, que al parecer meditaba en alguna cosa importante; con su silencio parecía reprender la charla i la risa, que crecían progresivamente; ninguno le dirijía la palabra. Cansado, sin duda, de tanta puerilidad, da un fuerte grito, i parado como en actitud hostil, habló en estos términos: ¿es posible que paséis las horas en frivolas entretenciones, cuando ese tiempo debiérais emplearlo con mas utilidad? ¿Os habéis olvidado que sois ciudadanos, i que perteneceis a una patria, cuyos intereses estáis obligados a conservar i defender? ¿Sois acaso del número de aquéllos que hacen alarde de su indolencia i sumidos en la molicie, respiran solo para mendigar placeres, olvidándose de sus mas sagradas obligaciones? ¿La Patria es ya para vosotros un vano nombre, un ente ideal? ¿Dónde está ese fuego devorador en que se abrasaba vuestro pecho en aquellas épocas de entusiasmo i de gloria? ¿Habéis proscrito de vuestro corazon el magnánimo sentimiento, que ha conducido contentos al altar del sacrificio millares de víctimas, el amor a la libertad? ¿De qué os sirve el haber encanecido en las batallas, luchando con la muerte, si miráis con indiferencia a nuestros enemigos tremolar orgullosos en nuestras costas el pendon del oprobio i de la ignominia? ¿No habéis visto en el Mensaje del Presidente de la República declarada la libertad de| comercio con la España, azote de los americanos? ¿No habéis visto igualmente nombrado ya el Plenipotenciario, que vaya a solicitar el reconocimiento de nuestra independencia? Aun no podemos consolidar nuestro sistema republicano, aun no está bien afianzado el solio de la libertad ¿i se quiere incorporar a la familia chilena a nuestros bárbaros conquistadores? Españoles sin patria, costumbres, relijion ni leyes se pretende asociar a una nacion que todavía piensa en reorganizarse, i que no da pasos mui acertados en el sendero de la política. Talvez la decadencia i cuasi completa estincion del espíritu público, ha podido dictar una providencia tan intempestiva como temeraria.

El carácter español está fielmente pintado en las ensangrentadas pájinas de la historia de tres siglos de la mas cruel dominacion.

Educados en las escuelas del despotismo aborrecen las instituciones liberales, i profesan un odio implacable a las Repúblicas. Las escenas, que se han sucedido en el drama de seis años de guerra civil, son el mas auténtico testimonio de la degradacion i envilecimiento de esos pueblos. Tan pronto se pronuncian por la causa de una aparente libertad, como por la tiranía del estúpido Cárlos. La ilustracion i la moral han huido de ese suelo, manchado con los mas horrendos crímenes. Ignorancia, fanatismo i ferocidad; he aquí los caractéres distintivos de esa nacion gobernada por el puñal fratricida. Abandonado a merced de la anarquía, consumida por el continuo choque de las pasiones, agonizante al convertirse en despedazadas ruinas, ¿qué ventajas, qué garantías puede ofrecernos su amistad i sus relaciones? Si el Congreso no previene los males i desgracias que resultarán precisamente de nuestra union con la moribunda España, no pasará mucho tiempo sin que la veamos revivir en América con todo el poder de los Felipes i Fernandos. La discordia aniquilará su existencia política, desaparecerá de la Europa, i vendrá a establecerse orgullosa entre los americanos. Sí, señores; nuestra patria arrastrará la pesada cadena del leon iberino, si la abandunais a la suerte que se le prepara. Debéis interponer vuestro influjo i luces para que nuestros representantes la salven del inminente riesgo en que la ponen las providencias, de que se da cuenta en este Mensaje.

Aun no acababa de espresar esta última frase, cuando otro de los tertulios, rompiendo en un tono aterrante, dijo: Es mui estraño que, cuando debiera lamentarse el largo entredicho en que ha estado la América con su madre patria, se impugne con tanto calor una medida magnánima i jenerosa reclamada imperiosamente por la primera de las virtudes humanas, la gratitud.

Treinta años de independencia de hecho, sin que haya podido constituirse sólidamente la República, forman el Aquiles del convencimiento,

  1. El siguiente artículo ha sido trascrito de El Diablo Político núm. 13 correspondiente al 30 de Junio de 1839. —(Nota del Recopilador.)