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SESION DE 1.º DE JUNIO DE 1839

Cque todos tenemos de ta necesidad de unirnos a la Metrópoli. Desde el dia mismo en que se triunfó de los españoles en el campo de Maipú empezó la carrera de nuestras desgracias políticas. Absolutamente ignorantes de la ciencia gubernativa, i deslumhrados por la brillantez de un triunfo decisivo, sin otra idea de la libertad que la que nos daba la separacion de un poder, que creíamos ominoso, nos entregamos a los brazos de la anarquía, para buscar en ella los elementos de nuestra felicidad. Cada uno se consideraba con privilejios i saber suficientes para organizar, a su modo, la Nacion. De aquí las providencias, leyes i constituciones que hemos visto brotar de los Gobiernos, Juntas, Convenciones i Congresos sin que hayamos visto establecido el órden político, por ninguna de esas instituciones improvisadas por el espíritu reformador. Por el contrario, todas esas reformas e innovaciones, las mas de ellas prematuras, en oposicion violenta de las causas que era necesario respetar, produjeron el incendio de las pasiones, que ni el Gobierno mas enérjico, perspicaz i prudente ha podido estinguir. En medio de tan precioso campo, la discordia erijió su infernal trono, la República se dividió en facciones, el amor a la libertad se convirtió en el torpe sentimiento de la venganza, i aquel monstruo, entronizado por la anomalía de las ideas i sistemas, por el capricho i encarnizamiento de los partidos, empezó a recibir el homenaje de los despojos fratricidas. ¿Qué hemos avanzado, pues, con haber sacudido el yugo colonial? ¿La relijion misma no ha perdido entre nosotros aquella veneracion e importancia que tenía en otras épocas? La sana moral de los pasados siglos podrá compararse con la corrupcion de nuestras costumbres? La educacion antigua, cuánto no difiere de la moderna!!! Entonces, las aulas brotaban sabios, i en el dia solo vemos literatos superficiales, quede todo hablan, toda materia sujetan a su juicio sin hacer otra cosa que ostentar una presuncion ridicula de saber, digna, sí, de la compasion de los que hemos envejecido en el estudio de las ciencias. No nos cansemos; el único modo de remediar tantos males es el indicado por el Mensaje. La España debe unirse a nosotros i formar, si es posible, una misma familia con nuestra Patria; somos sus hijos; buscando, pues, a nuestra madre, no haremos otra cosa que cumplir con la lei mas sagrada de la naturaleza. Esta justa reconciliacion va a producir abundantes bienes; trabajemos por ella, si queremos legar a nuestra posteridad este patrimonio inestimable.

En seguida, se levantó con todo el aire de una furia otro caballero i habló en estos términos:

"No creía que mi Patria abrigara en su seno un hijo tan desnaturalizado como el que acaba de hablar. La contestacion que merece es un patíbulo para escarmiento de los demás. Todo su discurso es un hacinamiento prolijo de absurdos garrafales. Ajaría mi nombre, mi carácter i sobre todo, mi patriotismo, si me empeñase en rebatir tanto desatino. Ese malvado, indigno del nombre de chileno, jamas podrá triunfar de la justa odiosidad que profesamos a los españoles; este sentimiento ha llegado a ser un dogma entre los republicanos, que amamos la independencia, poique sabemos apreciarla. El benemérito e ilustre ciudadano que habló primero ha hecho en poras palabras un resúmen nervioso e inatacable de las razones contrarias a esa providencia, oríjen de la presente disputa. Añadiré solo que es mui sensible que se haya nombrado al Jeneral Borgoño para esa ajencia anti-nacional i que admita una comision contraria, como debe suponerse, a los principios que ha manifestado en su carrera pública. Este ínclito capitan, vencedor en muchas batallas, mancillará sus glorias i será borrado de la lista de los héroes americanos, si va a la España a implorar de nuestros enemigos ese fatal reconocimiento. Acuérdese que en Maipú, con otros célebres guerreros, dió el último golpe al monstruo peninsular, sepultando en los hondos abismos de la muerte a sus cobardes jenízaros. Yo aprecio i respeto a ese Jeneral con todo el entusiasmo de un chileno amante del elevado mérito, i sentiría mucho que eclipsase el esplendor de sus glorias con esa indigna comision."

Concluido este discurso, todos quedaron en silencio, i aprovechándome yo de esta bella circunstancia, colocado de repente en el lugar mas visible, señores, dije con tronante voz: soi el diablo, he bajado de los infiernos a tomar parte en vuestra disputa, porque se trata de un asunto que tiene relacion con mis intereses. No hai que asustarse.

En vano os afanais tanto sobre una cuestion que ya está ventilada; ninguna autoridad teneis para derogar las providencias gubernativas. Vuestras furibundas declamaciones de nada sirven a presencia de una resolucion que sabrá sostenerse con enerjía. Desde ahora os impongo la obligacion de callar; temed mi rabia i mi indignacion, no sea que os arrastre apesar vuestro a las cavernas infernales. El proyecto es mui saludable, mui conforme a las ideas de los grandes, i se llevará adelante aunque arda Troya. En lo que no estoi conforme únicamente es en la eleccion del individuo para Plenipotenciario. Fué soldado de la Patria i peleó denodadamente en la guerra con los españoles; la lista de estos guerreros célebres está en el Gabinete peninsular, i quizá no se conseguiría el objeto por medio de este personaje. Tal vez no es bastante diestro en la diplomacia, porque desde sus primeros años se consagró a la carrera militar. Se necesita, pues, de un individuo que, a la calidad de español, reúna talento para la intriga, arma usual i común en las negociaciones diplomáticas. Entre nosotros hai uno que puede desempeñar fiel i dignamente este car