Página:Sesiones de los Cuerpos Lejislativos de Chile - Tomo XXVI (1839).djvu/83

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta página ha sido validada
76
CÁMARA DE SENADORES

to, se acordó por unanimidad agregarla a dicho artículo, cuyo tenor es el siguiente:

"Art. 27 Tampoco merecerán la nota de injuriosos los impresos en que se atribuyan a alguna persona, crímenes que por la espresa disposicion de la lei produzcan accion popular, siempre que el autor pruebe la verdad de los hechos.

Por un apéndice a la presente lei se espresarán los casos en que el derecho concede accion popular."

A indicacion del señor Presidente, se encargó al señor Egaña la redaccion de este apéndice, e igualmente el señor Tocornal se ofreció a trabajarlo.

Los artículos 29 i 30 fueron aprobados unánimemente en la forma que sigue:

"Art. 29 No podrá usarse bajo ningún pretesto de otra calificacion que las espresadas en los artículos anteriores; i cuando los juzgados no juzguen aplicable al impreso acusado ninguna de dichas calificaciones, usarán de la fórmula absuelto.

"Art. 30. A los autores de impresos que se calificaren de blasfemos en primer grado, se aplicará la pena de doscientos pesos de multa o cuatro meses de prision."

El señor Renjifo propuso que, ántes de entrar a la discusion del artículo 31, se determinase la pena correspondiente a los impresos blasfemos en segundo grado; i despues de algún debate, la Sala aprobó la indicacion del señor Presidente, para que se reservase la propuesta del señor Renjifo hasta que se discutiese el artículo 42, pie trata de aquella materia.

En seguida, habiéndose considerado el artículo 31, i juntamente una indicacion del señor Solar relativa a dicho artículo, se reservó éste para segunda discusion, i se suspendió la sesion.

A segunda hora, el señor Ministro de Hacienda leyó la Memoria que ha presentado al Congreso, i se levantó la sesion; quedando en tabla para la siguiente la lei de imprenta, los tratados con el Emperador del Brasil i demás asuntos pendientes. —JUAN DE DIOS VIAL DEL RIO.


ANEXOS

Núm. 77


Memoria que el ministro del despacho en el departamento de hacienda presenta al congreso nacional de 1839

Despues de la guerra tenaz que la República ha sostenido por el espacio de dos años contra la titulada Confederacion Perú-Boliviana, que logró destruir a fuerza de prodijiosos sacrificios, yo solo debía presentar a la consideracion del Congreso el cuadro lastimero de la Hacienda Pública, que aparece en todas partes tras del esplendor de las victorias. Las naciones, por opulentas que sean, jamas levantan monumentos de gloria, sino abriendo heridas profundas en sus intereses económicos; ni consiguen vindicar la inmunidad de sus derechos i mantener su importancia política, sino contrayendo onerosos empeños que absorben sus rentas, i han llegado a ser muchas veces el oríjen de funestas bancarrotas i de incalculables infortunios. ¡Con cuánta razon debía, pues, lamentar ahora esta desgracia, cuando nuestro pequeño Erario, sumido poco há en la penuria, se ha visto despues obligado a sufragar para una guerra esterior, i a satisfacer las exijencias de todo jénero que han nacido por momento en esta terrible i prolongada crisis! Efectivamente, cualquiera que eche la vista a los acontecimientos estraordinarios que se han obrado por nuestro influjo, i calcule por ellos la magnitud de los esfuerzos que hemos hecho, i lo crecido de los gastos que hemos tenido que emprender, no puede ménos que suponer la Hacienda Nacional en un estado de postracion completa.

Cuando el usurpador del Perú nos dirijió sus primeros i alevosos tiros, apénas contábamos con un cuerpo de tropas reducido i con una goleta de guerra i un bergantín desarmado; carecíamos de vestuario, armamento i municiones; nada teníamos sino el sentimiento de nuestra dignidad i de nuestras fuerzas. La gravedad de las ofensas recibidas nos hizo, sin embargo, cerrar los ojos a toda consideracion; se rompió la guerra i fué preciso adquirirlo, organizarlo, prepararlo todo, desde el soldado que debía defender el honor i la seguridad amenazada de la República, hasta la mas menuda prenda de su uniforme. Se debía buscar al enemigo en su propio territorio i hostilizarse simultáneamente por mar. A costa de un incesante trabajo estaba ya todo dispuesto para este objeto, cuando la traición execrable de Quillota hizo estallar una esplosion que consumió el fruto de nuestros primeros sacrificios. El nuevo Ejército que con presteza admirable se levantó mas fuerte i mejor provisto que el primero, partió de nuestras playas, pero volvió menoscabado en su fuerza, desmejorado en su armamento, desnudo de equipaje i alcanzando al Estado en considerables sumas. Este era un golpe fatal que parece debía abatir el ánimo mas constante; con todo no fué mas que una ocasion de lucir las virtudes públicas de los ciudadanos, i una prueba costosa, pero lisonjera, de nuestros recursos. La expedicion se rehizo en breve tiempo, se pagaron los trasportes, se cubrieron otros empeños, se ajustó el Ejército de sus haberes, se acrecentó con cuerpos numerosos, se le proveyó hasta de muías i víveres para sus marchas por tierras enemigas. Seis mil soldados de la República desplegaron al frente de la capital de la Confederacion, al mismo tiempo que diez buques de guerra bloqueaban sus puertos principales i concluían con los restos de su marina. Auxilios de hombres i de caballos fueron despues a engrosar las filas del Ejército Restaurador; una hermosa divi